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sábado, 5 de marzo de 2011


propuesta de Comida, Cocaína, Combustibles, Contrabando y Corrupción tiene su contrapropuesta en el artículo de Zaratti, un físico conocido por sus aportes positivos e inteligentes

El presidente Evo Morales ha caracterizado la crisis que aflige al país con cinco C (comida, cocaína, combustibles, contrabando y corrupción). Con otras cinco C es también posible identificar los desafíos actuales del narcotráfico en Bolivia.
La primera es C de “Cocaleros”. Ese sector social empujado hacia el Chapare, y hacia el cultivo de coca, por la relocalización minera seguida al DS 21060, ha sido la base electoral de Evo Morales y sigue siendo el núcleo duro de sus sostenedores. Sin duda a muchos “les fue bien”, pero ¿“viven bien”?, o sea, en paz con Dios, los hombres y la naturaleza. Negar el incremento de los cultivos y el desvío de gran parte de la coca al narcotráfico es querer tapar el sol con un dedo, ejercicio que hasta el Gobierno ha abandonado. Por tanto urge una ulterior “relocalización”, moral y productiva.
La segunda C es “Condescendencia”, una grada antes que complicidad. Hace unos meses un alto jefe policial me confirmaba que, si bien nunca hubo una orden de ser permisivos con las actividades del Chapare, en los hechos así lo entendieron vigilantes y vigilados. No obstante, añadió, la actitud policial se había vuelto más estricta a partir de las elecciones de diciembre último. ¡Sin comentario!
“Cristalización” es la tercera C, o sea, el salto cualitativo del rol del país en ese negocio. Desde proveedores de pasta base que se enviaba al exterior para ser refinada, hoy tenemos minifábricas de cristalización por doquier. Inclusive se ha denunciado que de Colombia y Perú llega materia prima para ser “industrializada” en el país. ¿Quién dijo que la industrialización no avanza? Asimismo, la cantidad de cocaína producida debería alarmar: De los kilos que se incautaban “antes de la nacionalización”, hemos pasado a las toneladas, señal inequívoca del auge del tráfico.
La cuarta C es “Control social”: Uno esperaría que “la reserva moral de la humanidad” fuera capaz de coadyuvar con las tareas de interdicción del Gobierno, especialmente tratándose de “su” gobierno. Al contrario vemos en muchos casos encubrimiento y complicidad de autoridades políticas, sociales y originarias. Sucede en las áreas rurales más alejadas, en el altiplano, en los valles y en trópico, sin discriminación. Me pregunto: Si en este asunto que daña la imagen del país falla el control social, ¿qué pasará en temas menos relevantes como la corrupción local o el contrabando?
Llegamos a la quinta C: La “Contrainteligencia”. El poder del narcotráfico es tan fuerte que para nadie resulta fácil resistir la tentación de “volcar su suerte”. Se sabe que muchos dignos servidores públicos la han resistido y la resisten, inclusive arriesgando sus vidas. Pero eso no basta: Se necesita control e infiltración de las bandas. Gracias a la vituperada DEA, el caso del narcogeneral ha destapado la presencia del narcotráfico nada menos que a pasos del despacho del Ministro del Interior.
En fin, ¿Qué de bueno nos ha traído la política de despenalización de la hoja de coca? ¡Que ya ni siquiera podemos llevar, enviar o tomar un mate de coca fuera de Bolivia! Tal vez, hace falta una sexta C: “Convergencia” de todo el país hacia una verdadera política de Estado que libere a Bolivia de la infamia del narcotráfico. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

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