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jueves, 16 de mayo de 2013




Los conflictos desde fuera

Mauricio Aira


Resulta difícil desde fuera saber con exactitud lo que está pasando dentro de Bolivia. Es que hay cosas que simplemente no caven en el razonamiento lógico al comprobar por ejemplo que vive la población un paro “movilizado de la COB” desde hace 10 días. Que las carreteras están bloqueadas y que miles de ciudadanos han dejado de trabajar sea porque las dificultades en el transporte no se lo permiten o porque las oficinas y las fábricas han cerrado sus puertas. En pocas palabras Bolivia vive quizá el verbo sobrevive es más apropiado en medio de tales dificultades que una simple columna de 700 palabras no alcanza a describirlas. Además y esto es para no creerlo, los policías rasos se han adherido a la movilización de la Central Obrera y se encuentran en una actitud de “brazos caídos” dentro de sus cuarteles, lo que quiere decir en buenas cuentas que no actuarán cuando el Gobierno o la Superioridad los necesiten. ¡Oh colmo de sucesos!
¿Por qué la movilización de los trabajadores? Solicitan una jubilación similar a la de los militares que gozan del privilegio de una renta igual al total ganado. O sea con el salario completo mientras que el resto de los gremios la pasan mal, con el 70, el 60, el 50% del total ganado y algunos otros como los médicos perciben tan sólo el 45% de sus salarios. Se dirá que éstos tienen ingresos extras en consultorios o clínicas particulares y que es allí donde deberían cobrar sus rentas. La respuesta es que es evidente, muchos médicos la pasan bien a pesar de la ínfima suma de su pensión, aunque esto de “muchos” vale para unos cuantos, un bajo porcentaje de ellos, ¿el resto? Está sujeto a la norma.
Mirando desde fuera jamás hubiésemos creído que la causa de la “jubilación” pudiera congregar a tantos, a todos los gremios sin excepción, los más aguerridos los mineros, los fabriles, los maestros, los salubristas, los profesionales asalariados y hasta los gremialistas y en este momento hasta los policías suboficiales, sargentos, cabos, clase de tropa. O sea un universo de descontentos masivo, incontrastable quedando al margen dos colectivos el militar privilegiado que obtuvo del Poder Central tal beneficio, y los campesinos, especialmente los cocaleros que no tienen empleador por tanto nadie los asegura y que trabajan “por riesgo propio” dependiendo del mercado al que sirven.
Al paso del tiempo y de la impotencia del Régimen de convocar al dialogo a los trabajadores con la visión puesta en una solución de consenso, la Iglesia Católica ha salido a la palestra. “Pónganse de una vez de acuerdo” señalando que el daño inferido por este estado de cosas es enorme, que todos tienen derecho a una jubilación digna y necesaria, que es imprescindible deponer el empecinamiento en actitudes irreconciliables, que el Bien Común está por encima de todo para evitar choques que a nada bueno conducen.
La solución no puede ser simple, no puede ser paliativa, lamentablemente existe un pecado original, un primer error que fue privilegiar al grupo que “lleva los fierros” como dicen en el lenguaje marxista, y que pudiera ser regresivo, de tal manera que un porcentaje equis aceptado por las partes sea uniforme a todos los asegurados, de ahí en adelante se fije una escala aceptable según el monto de las cotizaciones durante la vida laboral del trabajador. En Suecia uno de los países más avanzados en el tema social, la jubilación está por el 50% o menos del último salario. El énfasis está puesto en lograr mejores ingresos, al menos en los últimos años antes de la pensión, para tener una renta más expectable, que es mínima para la generalidad y que cubre tan sólo un magro presupuesto con el que un jubilado está obligado a sobrevivir en medio de gran austeridad, pero también de dignidad común a todos los ciudadanos.
En suma votos porque se impongan los criterios expresados por los Pastores religiosos. Que resulte en acuerdos valederos y realistas que se puedan ejecutar fielmente sin repetir engaños ni privilegios tomando en cuenta la Igualdad y la Justicia.