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lunes, 29 de abril de 2013

Harold Olmos hace uso de los datos de la Fundación Milenio y enseña cifras en cuanto a la economía nacional que no crece en la medida que paros y bloqueos provocan daños irreparables a la Nación


Hace algunos años Mariano Baptista Gumucio escribió un trabajo que llamó El país tranca, la burocratización de Bolivia. Aborda las normas que hacen de los trámites legales un infierno burocrático que trancan iniciativas de todo tipo, incluso algunas que podían haber sido beneficiosas de no haber sido interrumpidas por las ‘normativas’ (normas, por favor) que los funcionarios doctos en trancar se regodean en aplicar. Hay otras formas de trancas más agresivas y peligrosas cuya magnitud empieza a ser objeto de cálculos que exhiben los daños que causan a la economía de todos: los conflictos que atormentan al ciudadano.

Un estudio de Fundación Milenio ilustra la gravedad de los conflictos sobre la economía boliviana. Milenio nos dice que en 2012 tuvimos 745 eventos conflictivos. Un promedio de 62 por mes, uno cada dos días. El ritmo es alto para una sociedad que necesita armonía para progresar y el daño mayor al que causa la mediterraneidad. Con todo, es menor al índice de 2011, cuando hubo 73 conflictos por mes (dos y medio por día), 876 en todo el año y un récord de más de 40 años, desde que el ‘conflictómetro’ empezó a funcionar. Pese a lo debilitada que parezca, nuestra ‘conflictometría’ de 2012 no es para subestimar: supera a todo el promedio de los siete años del Gobierno del propio presidente Morales: 55,3 conflictos por mes. 

Un consuelo podría ser que el número de conflictos es inferior al del Gobierno de Hernán Siles Zuazo, que estuvo, sin embargo, menos de tres años en Palacio Quemado, y al que tuvo Carlos Mesa, que duró 20 meses.

Milenio cuantifica que en el periodo 2006-2012, los conflictos, de huelgas a bloqueos, evitaron que el PIB boliviano (la suma total de la actividad económica) creciera un 16%. Es retroceder cuando menos tres a cuatro años. Sin conflictos la pobreza sería menor y habríamos acortado la distancia que nos separa de nuestros vecinos. En lugar de un PIB que oscila los $us 30.000 millones, habríamos sobrepasado ese nivel y nos encaminaríamos a los $us 40.000 millones. ¿Vale algo este razonamiento para los bloqueadores y para los adictos al conflicto? Uno esperaría que sí. Se puede concluir que los conflictos atentan contra el país; son una conjura contra todos. Muestran una sociedad desordenada y atenazada por sus cuatro costados. Vienen a la mente cuando se quiere promocionar al país turísticamente. Deberían pensarlo quienes patrocinan rutas transoceánicas o carreras de vehículos. No solo los paisajes promocionan. La tranquilidad interna es la mejor convocatoria
Periodista