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sábado, 19 de febrero de 2011


qué es más claro ruido de sables o "ruido de derrumbe"?


Cuando el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada se estaba derrumbando, debido a una suma de errores, lo único que atinó a hacer fue crear la Unidad de Comunicación (Unicom), pero no sirvió de nada.

Y eso que Sánchez de Lozada puso a la cabeza de Unicom a un periodista muy capaz, que ahora trabaja con eficiencia en un diario de Santiago de Chile. Los periodistas capaces se prueban en el exterior.

El actual presidente ha tenido la misma iniciativa que Sánchez de Lozada; cuando siente ruidos de derrumbe, crea el Ministerio de Comunicación. Pero se tiene que conformar con un profesional de gris trayectoria en el periodismo escrito paceño y cochabambino.

No es nada que tenga que ver con la capacidad del periodista que se llame para el caso, porque no se trata de imágenes, sino de objetos. Si la princesa es fea, no habrá milagroso espejo que la componga. Si el derrumbe es inminente, por ineptitudes de gestión, nada podrá hacer ni el periodista capaz ni el otro para remediarlo.

Ambos presidentes se equivocaron. Ellos son víctimas de la creencia de que para cambiar la realidad tienes que controlar los medios, el reflejo. Es el “espejismo” político.

Como el vicepresidente, que ahora culpa a tres “canales opositores” de la resistencia contra el gasolinazo. La gestión de gobierno a cargo del que tiene el control remoto de la televisión. ¡Por favor!

Además, de qué canales opositores se pude hablar, si todos viven atemorizados. Esto suena a pretexto. -Como los canales de Tv son perversos, hemos hecho un mal gobierno. O no hemos tomado las decisiones oportunas.

Lo cierto es que el ruido de derrumbe invade el país. Y contagia. Si hasta da la impresión de que todo se está viniendo abajo.

Mil años duró la explotación del Cerro Rico, desde que comenzaron a extraer la plata los mineros de la cultura tiwanacota, según lo han establecido los científicos norteamericanos Mark Abbott y Alexander Wolf, que publicaron su hallazgo en la revista Science de Estados Unidos. Luego vinieron los quechuas, los españoles y la república. El cerro quedó convertido en un queso emmental, lleno de agujeros. Y tenía que sucumbir.

Pero casualmente vino a sucumbir ahora. Qué mala suerte. Es una especie de derrumbe contagioso. Un arquitecto amigo me dijo también que nunca hubo un derrumbe de un edificio en Bolivia. Hasta ahora. Justo ahora, cuando hay tanto ruido de derrumbe que nos rodea.

Quizá sea bueno pensar en soluciones. Si las estructuras están todavía buenas, se podría optar por ponerle algunos puntales. Pero hay que comenzar por admitir que la situación no se produjo por efecto de unos perversos, periodistas o no –que los hay- sino de errores cometidos de manera persistente.

Cuando Sánchez de Lozada comenzó a derrumbarse se le ocurrió insultar a un periodista, porque lo acusaba de haber tenido arreglos con la Enron. Y no por eso el ex presidente se salvó. El derrumbe era inevitable. Ahora, el presidente de turno también insulta, y al mismo periodista.

En suma, que los periodistas no sirven ni para arreglar los problemas ni para empeorarlos. Hay que prescindir de ellos.

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