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martes, 5 de abril de 2016

Dante Pino lo ha leído todo, analizado y saca sus conclusiones. no podemos dejar por alto todo lo sucedido en torno al affaire, Zapata Evo, Evo Zapata. no es verdad que todo está dicho, falta el eslabón para declarar a Evo culpable de tráfico de influencias, al mismo tiempo que encierran a Zapata, ahora mismo también la quieren echar de la segunda cárcel y entonces qué...la mandarán a Oruro,, a Potosí, a Tarija para que esté lejos de los medios? lo cierto es que hay miedo en Evo, miedo en su entorno, miedo en el Gobierno sólo la verdad liberará al error por cierto.

No puedo aceptar, me resisto a creer que podemos bajar los brazos, dejar que nos golpeen y sigamos el camino como si nada hubiera sucedido. Y no es, como comienzan a decir, que el asunto es una novela, con muchos episodios donde se mezcla el amor, odio, venganza y tantos ingredientes que terminan por banalizar su contenido. No podemos seguir siendo una sociedad de memoria corta, donde como se dice “pasa todo y no pasa nada” porque entonces todo lo que nos sucede nos lo merecemos, porque nos convertimos en cómplices y encubridores.

No podemos desligar la relación sentimental del Presidente con el uso indebido de influencias para ocasionar daño económico al Estado. Es tan simple que no debía hacerse necesario explicarlo. Porque existió una relación sentimental entre el Presidente y la señora Zapata, es porque se produjo el delito de uso indebido de influencias, así que lo primero lleva a lo segundo irremediablemente. En otras palabras sin la existencia de la relación personal no hay delito.

Y eso es lo que desde el Gobierno se ha tratado de hacer. Negar cualquier vínculo entre el Presidente y la señora, para desvirtuar el delito penado por ley. Si lo hicieron mal es otra cosa. Mintiendo, falseando los hechos y tratando de probar lo que no pueden. Pero la intención era y es aún muy clara. Por eso se toman medidas radicales con la señora Zapata para aislarla y evitar que diga lo que sabe.

Lo que sucede es que el equipo presidencial ha cometido errores tan enormes, en la intención de sacar al Presidente de la escena de delito, que a esta altura es muy difícil creerles todo lo que digan hacía delante. Cuando los testigos falsean la verdad pierden todo su valor.

Esta situación deviene del miedo. Miedo presidencial para enfrentar la situación con la verdad, porque simplemente esta verdad lo crucifica, demuestra el delito, entonces el miedo se transfiere al Vicepresidente y los Ministros que saben la verdad y que por ello mismo se sienten culpables por complicidad.

Lo que pasa es que el miedo tiene grados, a mayor culpabilidad mayor miedo de que se sepa la verdad y entonces comienzan la acusaciones mutuas. El Ministro de Gobierno trata de mostrarse ajeno al centro del asunto y resuelve ayudar al Presidente trabajando con jueces venales para aislarla en una celda, al mismo tiempo que le facilita medios para que haga declaraciones, que hacen blanco directo en el Ministro de la Presidencia. El Ministro de Gobierno sabe que su colega está metido hasta el cuello en el uso indebido de influencias y que única forma de evitar dañar al Presidente es sacrificándolo. Al final para eso están los Ministros, alguien usó la palabra “fusibles” para dejar claro que cuando el Presidente se equivoca son los Ministros lo que pagan la factura.

Esta situación ha colocado al Ministro de Gobierno frente al de la Presidencia y al Presidente en la disyuntiva de tomar una decisión. Si la señora Zapara da a conocer los palos blancos del Ministerio de la Presidencia entonces la suerte del Ministro está sellada. Pero esto tiene consecuencias. La factura que cobrará será muy alta. 

En todo este penoso asunto, está la administración de Justicia. A la que desde el Poder Ejecutivo se la ha calificado como “podrida”. Es esta justicia podrida la que tiene que darle la dirección al delito del cual existen suficientes pruebas e indicios como para que el Procurador General actúe en defensa de los intereses del Estado. Visto está que eso no sucederá, dada la calidad de “podrida” que tiene.

Es cuando ante esta realidad que la ciudadanía comienza a banalizar los hechos. No se puede hacer nada, se dice entre voces, Evo está blindado. Esto es cierto hasta un momento en el que todo lo que le sostiene se desmorone. Y comienza a ocurrir.