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lunes, 8 de junio de 2015

si ayer fue Los Tiempos, hoy es El Deber que se ocupa de El Alto, la gestión de Soledad que se inició con los mejores auspicios pero que "el masismo" agazapado en el poder, no quiere soltar la mamadera. los buscapegas quieren vivir de los recursos municipales y cobrar su "ociosidad" en la planilla de salarios. una barbaridad masista que subsiste.

Cuando una gran mayoría de alteños votó por Soledad Chapetón para que sea su alcaldesa, lo hizo convencida de la necesidad de cambio en la gestión municipal. Esos electores estaban hastiados de la ineficiencia, de la corrupción, del clientelismo, entre otros males, que caracterizaban la administración edil de quienes la antecedieron en la última década, todos ellos salidos de las filas del partido gobernante y de organizaciones afines.

Ahora resulta que la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de la ciudad de El Alto, la tercera más poblada de Bolivia, ha comenzado a ejercer presión porque la alcaldesa Chapetón decidió designar a los 12 subalcaldes de la urbe –tal como manda la ley–, dejando de lado la designación “por usos y costumbres” a la que estaban acostumbrados. Apenas posesionada en el cargo, la autoridad ya ha enfrentado bloqueos y disturbios de la Fejuve, institución que ahora vuelve a la carga con la convocatoria a un paro indefinido a partir de hoy, lunes.

Queda claro que los antiguos dirigentes vecinales no quieren resignar las cuotas de poder ya adquiridas. El presidente de la Fejuve, Óscar Ávila, exige que Chapetón “acepte la designación de subalcaldes por usos y costumbres”.

Asimismo, otras organizaciones locales, como el Consejo de Autoridades Indígenas Originarias Julián Apaza y la Junta Distrital de Unidades Educativas, demandan con prepotencia “la contratación” de sus allegados a diversos cargos ediles. Hasta ahora, la respuesta de la alcaldesa a ese intolerable asedio ha sido firme: “Estas prácticas ya no serán posibles bajo la gestión actual”.

Sería ingenuo pensar que la arremetida vecinal responde solo a un afán de restituir las pegas y cuotas de poder que ya se creían institucionalizadas. Nada raro que también se quiera desestabilizar e incluso derrocar a la alcaldesa Soledad Chapetón, cuyo joven e idóneo liderazgo ya comienza a ganar referencialidad en la arena política nacional. Ya se verá si los organismos del Estado tienen la voluntad necesaria para hacer respetar la institucionalidad democrática de la urbe alteña y resguardar el orden público, y así descartar esa posible intención desestabilizadora.

Por lo pronto, solo se espera que Chapetón se mantenga firme en su propósito de ‘limpiar la casa’ y que se sienta el respaldo de quienes la eligieron para que justamente se encargue de eso