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viernes, 8 de octubre de 2010


Los Tiempos cronica la niñez de Vargas Llosa en Cochabamba

"La familia Llosa se trasladó a Cochabamba, entonces una ciudad más vivible que el pueblecito minúsculo y aislado que era Santa Cruz, y se instaló en una enorme casa de la calle Ladislao Cabrera, en la que transcurrió toda mi infancia. La recuerdo como un Edén”, escribe Mario Vargas Llosa en su autobiografía “El pez en el agua”, a propósito de su estadía en esta ciudad los primeros años de sus niñez.

El flamante Premio Nobel de Literatura, nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa (Perú). Hijo único, sus padres se acababan de separar en el momento de su nacimiento. Su infancia transcurrió al lado de la familia materna.

Cuando apenas tenía un año llegó con su madre a Cochabamba, donde su abuelo fue enviado como cónsul. Estudió en el colegio La Salle, dio su primer balbuceo literario con sólo ocho años ("Carta al Niño Dios") y vivió en esta ciudad hasta 1945, cuando su familia volvió a Perú.

Sobre sus recuerdos de Cochabamba, Vargas Llosa escribió un texto titulado “Extemporáneos: Semilla de los sueños” (publicado en la revista Letras Libres). De ese artículo extraemos algunos fragmentos, donde además de su nostalgia por sus vivencias en este valle, el Premio Nobel de Literatura habla sobre “la forma casi natural en que empezó tanto su afición a la lectura como su necesidad de enriquecer su vida diaria con la creación de ficciones, impulso que ha regido desde entonces todo su itinerario intelectual”.

“La casa de la calle Ladislao Cabrera, en Cochabamba, donde viví mis primeros años, tenía tres patios. Era de un solo piso y muy grande, por lo menos en mis recuerdos de esa edad, inocente y feliz. Lo que es para muchos un estereotipo —el paraíso de la infancia— fue para mí una realidad, aunque, sin duda, embellecida desde entonces por la distancia y la nostalgia”.

“Nuestro profesor, el Hermano Justiniano, nos hacía cantar las letras, uno por uno, y luego, cogidos de las manos, en rondas, deletrear, identificar las sílabas en cada palabra, reproducirlas y memorizarlas”.

Hay una foto, muy bien resguardada por la dirección del Colegio La Salle, en la que el autor de “La ciudad y los perros” posa junto a sus compañeros de curso, allá por el año de 1945.

Uno de esos niños bolivianos que lo acompañan es Carlos Brockmann quien recuerda: “el Llosita le decíamos. No me voy a olvidar de eso y tampoco de sus dos dientes delanteros salidos”, dice aunque admite que es poco lo que recuerda de él. Entre la bruma del tiempo, evoca a un niño que como estudiante era igual al resto, que no descollaba y tampoco confraternizaba mucho con sus compañeros.

Otro compañero de colegio, Alfredo Zegarra, recuerda al autor de “La fiesta del Chivo”, “él estaba dos cursos más que yo. Creo que saltó uno porque desde muchacho era muy inteligente. Aunque recuerdo también que era un tanto caprichosito”, contó Zegarra, un empresario minero de 74 años que vive en La Paz.

Al pensar en el Nobel otorgado a Vargas Llosa, Brockman cae en cuenta que en su promoción hubo “gente de muy alto nivel” y cita al reconocido poeta Edmundo Camargo; a Fernando Antezana quien fue vicepresidente de la Organización Mundial de la Salud y a sí mismo como el único extranjero premiado por la NASA, en 1975, por su trabajo relacionado con la comunicación satelital.

Vestía de “marinerito”

Carlos Brockmann, condiscípulo de Mario Vargas Llosa en el colegio La Salle de Cochabamba en 1945, cuenta que en 4to. de Primaria, el futuro Premio Nobel se sentaba a su izquierda en el mismo banco. Al hablar del escritor, le viene a la memoria un niño elegantemente vestido con un trajecito marinero.

“Parece que como era nuevo, como yo, era un poco retraído; pero sí tenía un amigo íntimo, Mario Zapata, cuyo padre era dueño de la radio El Mundo”, recuerda

Con la desazón del desaire, Brockmann cuenta que en 2003 su curso celebró 50 años de su graduación y Vargas Llosa estaba invitado, pero no llegó.

“Lo invitamos y no vino, fue una pena, era una buena oportunidad de vernos porque quizás no nos íbamos a volver a ver más”, dice en alusión a la edad. Brockmann también dice que conoció a Julia Urquidi, la célebre tía y esposa de Vargas Llosa, quien era jefa de sección en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, donde fue su compañera de trabajo.