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sábado, 24 de abril de 2010

el brillante Alfonso Gumucio cuyas luces admiro cada vez más, lanza sus dardos críticos sobre la actitud de Evo, en su ya tristemente famoso discurso de Tiquipaya.

Qué come Evo?

Menos mal que Eduardo Galeano no asistió a la cumbre climática de Tiquipaya, porque hubiera tenido que explicar a Evo Morales qué tipo de transgénicos causaron su calvicie. El escritor uruguayo mandó una elegante carta, con el lenguaje creativo que lo caracteriza, para excusarse por no asistir.

El multifacético Presidente de Bolivia se erigió en experto en biotecnología y en hormonas, y en su discurso que sin duda cautivó a su audiencia incondicional, expresó algunas tesis muy personales que le han dado la vuelta al mundo en pocas horas, provocando burla, risa e indignación.

Lo triste de todo esto es que por esas declaraciones insensatas, ya nadie habla de los temas importantes de debate de la cumbre de los pueblos sobre cambio climático, y los grandes temas parecen haber sido tragados por el agujero negro de las sandeces que dijo el presidente.

Si lo que quería Evo Morales era posicionarse como un abanderado de la lucha en contra de los transgénicos, de la Coca Cola o de las hormonas, no lo consiguió. Lo que logró fue convertirse en el hazmerreír del planeta, según leemos en las agencias de noticias y en la prensa internacional.

Los que no se burlan de él, mantienen un prudente silencio, pero ni a ellos se le ocurre tomarse en serio eso de que comer pollo está vinculado a la homosexualidad, que la Coca Cola es una bebida tan corrosiva que sirve para destapar cañerías (más o menos como la soda cáustica), y que en 50 años todos los hombres del planeta serán calvos por consumir alimentos transgénicos.

Creí que era otra infame campaña de los medios "neoliberales" en contra del Presidente de Bolivia, pero en YouTube encontré el video con sus declaraciones, y son exactamente esas, que como boliviano me hacen palidecer de vergüenza.

Hay argumentos científicos de mucho peso en contra de los transgénicos, así como en contra de la alimentación de aves o de ganado en base a poderosas hormonas, pero los que esgrimió Evo Morales no son ni científicos ni adecuados Para el lenguaje presidencial. Sólo una audiencia desinformada y obsecuente puede aplaudir esas temerarias afirmaciones.

Los homosexuales no están contentos con las declaraciones de Evo, que se parecen mucho a las de la iglesia católica conservadora. Hace pocos días un prelado de alto rango en El Vaticano, asoció la homosexualidad a la pederastia. Obviamente, medio mundo le cayó encima y El Vaticano tuvo que desmarcarse de esas declaraciones.

Pero cuando Evo hace una declaración similar, el gobierno boliviano no se desmarca, porque en un régimen tan centralista y autoritario, lo que diga el dirigente máximo es palabra sagrada, aunque sean burreras.

¿Qué come Evo Morales que lo hace decir cualquier cosa sin pensar?

Puede que no coma alimentos transgénicos, sino los más naturales y en platos de cerámica, pero algún condimento debe traer lo que come, pues abre la boca y eructa barbaridades. Evo es el clásico ejemplo de alguien que usa la boca sin coordinación con el cerebro, alguien que dispara y luego piensa (o quizás solamente dispara).

Francamente, prefiero mil veces un calvo brillante, inteligente y sensible como Eduardo Galeano, a un presidente con mucho pelo y poca frente.

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