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domingo, 30 de agosto de 2015

dialéctica que usa el sofista oficial aprovechándose de la ignorancia de los demás. "se está pasando de lo tolerable" y se deja ganar por el rencor del adversario, instiga al odio nada menos que entre los niños. Por la CPE Evo no debió ser candidato antes, ni ahora. burla que confunde, molesta, indigna y debilita la Democracia.


si ayer fue Los Tiempos abiertamente opuesto a una tercera repostulación de Evo y García, ahora El Deber escribe sabios consejos al Vice, denuncia el uso de sofismas por el sofista oficial que muestra su desmedido apoyo al indígena, "llunkerío" diríamos y esa "elegante forma de mentirle al pueblo" de pretender venderle gato por liebre. ojalá "el segundo de a bordo" leyera El Deber y aprendiera de memoria la sabiduría allí contenida para no seguir "adulando y relamiéndose para quedar bien" como el más grande impulsor de este aferrarse al poder pegado como con chicle.

En la vida todo tiene una medida de la que no se debe pasar porque los excesos son finalmente repudiados. Un sabio no debe abusar de la ignorancia de los demás ni burlarse de ellos; un hombre fuerte no debe golpear a alguien más débil, a un niño o a una mujer; un pícaro no puede pasarse la vida engañando en el comercio, de mala fe, al ingenuo; un político no puede ni debe dedicarse a los juegos dialécticos, incomprensibles para la gente corriente, porque se convierte en un sofista y pierde su predicamento.

La dialéctica que utiliza el vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, puede ser impecable, razonada, doctrinal, para el común del pueblo, para quienes la palabra elegantemente dicha tiene el efecto de convencer. Sin embargo, es indudable que no todos piensan así y que el vicepresidente se está pasando por encima de lo tolerable cuando se deja ganar por el rencor contra el adversario, por la pasión política, por su lealtad sin medida al mandatario. Entonces aquella retórica, que puede ser muy esmerada, queda convertida en un sofisma cualquiera.

Existen muchos ejemplos que se podrían exhibir sobre este modo de actuar del segundo hombre del Estado. Sus ataques sesgados o directos contra personas o instituciones son numerosos. Ha demostrado habilidad para zaherir y tratar de ridiculizar a los opositores al régimen. Esto último es válido en la política aunque no debería ser la norma si se quiere crear una mejor convivencia. En los últimos días, dos temas llamaron la atención de los ciudadanos: instigar a los niños al odio político y enredar dialécticamente a la población cambiando una palabra por otra, con mala intención. Ha sido malo y muy criticado que, en un evento donde los niños eran el centro, el vicepresidente les señalara –citando nombres de políticos en el exilio y en la oposición– quiénes eran los ‘vendepatria’ y por qué eran enemigos a quienes jamás se debería tolerar. A uno de ellos se refirió con el término de ‘maldito’. Fue un exceso innecesario.

Y lo otro es que por mandato de la Constitución el presidente Morales no debió ser candidato en las elecciones pasadas ni menos debería serlo en las próximas. No obstante, el vicepresidente afirma que sí debe ser candidato en 2019, porque es el único que puede gobernar Bolivia, y porque no se trata de que Evo Morales vaya a una cuarta elección (tercera reelección), sino a una ‘repostulación’. Esta burla confunde, molesta, indigna y debilita la democracia