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viernes, 4 de septiembre de 2015


cómo es posible que un transportista sea el dueño de cientos de camiones,

sea el contratista de Yacimientos en forma exclusiva

tenga tanto poder ante el Gobierno evista (La Nación de Bs.As.)

Semanas atrás cuando estalló el escándalo del empresario boliviano José Luis Sejas, el prestigioso diario La Nación de Buenos Aires se preguntaba cómo es posible que en unos pocos años, un humilde chofer pueda convertirse en un próspero hombre de negocios con una flota de cientos de camiones, con importantes contactos en el gobierno boliviano y dueño de jugosos contratos para el transporte de hidrocarburos a nombre de la estatal YPFB.
Ocurre que varios de los camiones de Sejas fueron secuestrados en Argentina con toneladas de droga camuflada en medio de los tanques de combustible y existen fuertes sospechas de que existe complicidad entre el transportista y algunos ejecutivos de la petrolera boliviana que han sido denunciados por un diputado nacional que exige la renuncia y el procesamiento de las máximas autoridades de YPFB.
La Policía de Argentina emitió una orden de captura internacional contra Sejas a mediados de julio y el hombre fue arrestado el pasado miércoles en Santa Cruz después de un largo trámite en el que intervinieron algunas influencias de alto nivel del acusado que ahora busca la manera de evitar la extradición solicitada por un juez argentino.
No hay duda que este escándalo obedece al mismo patrón que se ha venido repitiendo con los casos del general Sanabria, el mayor Ormachea, el general Nina y varios otros connotados personajes ligados al gobierno que precisamente han sido detenidos gracias a la intervención de países extranjeros dadas la evidente laxitud que existe en nuestro sistema para combatir este nuevo modelo de delincuencia que aprovecha los contactos políticos que convierte al sector público en un mero cómplice.
Para evitar más sospechas (o confirmarlas), lo mejor que puede hacer el Gobierno boliviano es acelerar la entrega de Sejas a las autoridades argentinas que lo reclaman, pues en nuestro medio se corre el riesgo de que triunfe la impunidad. Otra de las medidas es investigar y aclarar todo lo que se ha mencionado acerca de los nexos del acusado con la petrolera nacional. Proteger a un funcionario que hubiera cometido una falta grave es comprometer la fe de una empresa que maneja contratos millonarios, relaciones con firmas de todo el mundo y que, urgida de buenos negocios para el país, no debe estar ligada al bajo mundo del narcotráfico.
En todo caso, este nuevo caso refleja muy claramente el camino que puede seguir nuestro país si continúa el deterioro institucional que está resquebrajando por  completo el tejido moral que debe sostener a cualquier sociedad que busca la prosperidad. Esa impunidad que se ve en los numerosos casos de corrupción que son destapados y que inmediatamente pasan al olvido porque la justicia está secuestrada, no solo es una muestra de la degeneración total de un proceso político que prometió cambiar radicalmente las cosas, sino también la dejación ciudadana respecto de los valores y principios imprescindibles para conformar un estado que aspira a la consolidación de la ley como único imperio.
El escándalo de José Luis Sejas obedece al mismo patrón que se ha venido repitiendo con los casos del general Sanabria, el mayor Ormachea, el general Nina y varios otros connotados personajes ligados al gobierno que precisamente han sido detenidos gracias a la intervención de países extranjeros dadas la evidente laxitud que existe en nuestro sistema para combatir este nuevo modelo de delincuencia que aprovecha los contactos políticos que convierte al sector público en un mero cómplice. (aparece en El Dia de SC. Excelente denuncia corroborada)