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martes, 24 de julio de 2012

demanda Los Tiempos prestar atención a Rubén Costas en su defensa de la Democracia. "los demócratas somos más fuertes"


El mensaje de Rubén Costas debe ser atendido. Bien harían sus aliados y adversarios en Santa Cruz y en el país todo, si lo aquilataran en su integridad
En circunstancias en que muchos dentro y fuera de Santa Cruz previeron que el cabildo convocado para apoyar a su gobernador Rubén Costas estaba condenado al fracaso por la profunda crisis que atraviesa el liderato cruceño, resulta que, más bien, ha tenido un resonante éxito. Y esta autoridad, a contra ruta de las tendencias actuales en los que el triunfalismo campea, ha sabido responder con un discurso conciliador, al mismo tiempo que severo, y desde un escenario eminentemente regional, ha trascendido hacia el país.
El nudo del discurso ha sido la defensa de la autonomía regional y la democracia. La autonomía, que ha significado una derrota del centralismo, pero cuyos propulsores no quieren reconocer y, en un acto de “bajeza”, pretenden “manchar y mancillar la grandeza de la conquista de la autonomía. Y para eso, no les basta con que la justicia que controlan nos persiga y nos encarcele”, sino que quieren también “que sea la Asamblea Cruceña, la misma que conquistamos con el referéndum, la que traicione su origen y reniegue de su legítima cuna”, al pretender que ésta lo suspenda amparados en la Ley Marco de Autonomías cuyo fin es “derrocar autoridades, ignorar el voto del pueblo y pervertir la democracia”, sin importar el debido proceso, la división de poderes, la independencia de los asambleístas y así “concentrar en sus manos todo el poder político de Bolivia”.
Bajo la idea de que una vez que “el MAS está matando la democracia”, lo que corresponde es defenderla. “Cada vez son más los bolivianos, las bolivianas que, en todo el territorio de la patria, sienten la opresión del totalitarismo masista y se revelan contra la injusticia. Lo hemos visto en el gasolinazo, en el Tipnis, en las elecciones judiciales, y lo vemos cada día en los conflictos que se suceden a lo largo y ancho de Bolivia”, sostuvo.
Se trata, además, de una defensa democrática por las vías que el propio sistema democrático norma y, en este acápite, el llamado de atención no estuvo dirigido sólo al Gobierno: “Ya sé que algunos desconfían; ya sé que algunos creen que los que usan sólo las armas de la democracia no pueden ganar a los que se saltan las reglas, manipulan las leyes y manejan el Estado a su antojo. Pero también a esos les digo que se equivocan. También a esos les digo que si estamos unidos, los demócratas somos siempre más fuertes que los totalitarios. Y hoy, la plaza 24 de Septiembre ‘ruge’ unidad democrática”, que sería la unidad de “todos los que desde visiones legítimamente diferentes luchamos por una misma causa: la libertad y la democracia de Bolivia”.
Por último dio un aditamento importante: “Bolivia necesita vivir en paz; no se trata de que los que ahora son opresores y perseguidores sean mañana los oprimidos y perseguidos (...) porque no se puede ser verdugo y demócrata al mismo tiempo” y, en ese marco, aseguró que “nunca seré el verdugo de nuestros verdugos, pero también les juro que nunca me arrodillaré ante ellos”.
Se trata de un discurso diferente que bien harían sus aliados y adversarios en Santa Cruz y el país todo, en aquilatarlo en su integridad y más allá de la retórica que sale a flote en eventos de la naturaleza del que se comenta.