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jueves, 3 de febrero de 2011


Zalameros y chupamedias

Mauricio Aira

Título que puede resultar explosivo referido a un caso concreto. Nos recuerda a la corte medioeval de los reyes para controlar mejor a la nobleza y a la Iglesia con beneficio en el incremento de su poder. Se trató de tener a la mano a la nobleza y al clero, para facilitar la comunicación entre el rey y la nobleza. Corte que vivía en el lujo, banquetes repetidos, fiestas, bailes, cacerías sustituidos por los festinatorios desplazamientos en una lujosa nave capaz de llevar al soberano a cualquier lugar del mundo. La corte disfrutaba de distracciones y vida social activa bajo la tutela y vigilancia permanente del “dueño del palacio” en que moraban los cortesanos, o sea los ministros, diplomáticos, ejecutivos al servicio incondicional del monarca, la claque en pleno bufón incluido.

Parte vital de la corte la milicia o batallón, legiones de oficiales siempre uniformados y siempre de guardia expertos en tácticas y estrategias para ejecutar los deseos del rey a como dé lugar secundado por manipuladores notarios y juristas que le daban “legalidad” a todos sus actos. Cortes formadas por corifeos que cantan y bailan no ya en el teatro real de entonces, sino en los medios y en “los movimientos sociales”, donde los tartufos provistos de maldad y oportunismo y torpemente violentos, generalmente ignorantes interpretan cualquier papel del reparto funcional.

La lengua hispana ofrece los sinónimos del sustantivo para mejor entenderlo. El corifeo es el zalamero empalagoso, que se pega y fastidia. El que adula al monarca en situación servil puesto al servicio liliputiense de S.E. o quizá mejor de S.M. para superar “el rating”, la encuesta. De donde resulta que el corifeo inescrupuloso, o el tartufo mediático de nuestros días, había estado presente en el variadísimo léxico de Alcides Arguedas cuyos libros quiere colocar en el índex , para continuar nutriendo la carroña oficialista de ignorancia colectiva. El corifeo exige respeto irrestricto a la “autoridad masista” además de sujeción plena como el gobernador que despide a 200 por carecer de “afinidad ideológica” habida cuenta de la obligación de todo chupamedia sin importar para nada el currículum, para ser nombrado ministro, magistrado o rector. Lo único importante es gozar del aprecio y la confianza de la “aristocracia partidaria” asentada en la corte, fidelidad amiguista, familiarista de los tartufos y corifeos mayores.

Una administración así impide toda posibilidad de desarrollo social de economía paternalista y asistencialista por tanto parasitaria y dependiente del día a día con un erario manejado al arbitrio de un partido que muchos llaman con acierto “talibanista” incapaz de atraer capitales ni promover los procesos productivos que derivan de la industrialización.

Se ha sustituido la profesionalidad y el conocimiento del funcionario con la utopía de su adhesión al monarca y por supuesto de la corte que le rodea y que resultando en corrupta y perversa al punto de originarle conflictos cada vez más frecuentes con organismos internacionales, instituciones respetables y con el entorno que antes de ahora calificábamos de “amigos”. Administración que oculta la más elemental información aunque proclame su transparencia y honestidad por doquier.

No resulta novedoso que el método del linchamiento físico tan manido en los últimos años que terminó la vida de simples sospechosos, se aplica contra los que se atreven a exteriorizar su pensamiento propio, los entusiastas tartufos con los que opera la administración que hace valer a los corifeos profesionales que le bailan al originario. Estamos así en un escenario dominado por un silencio obligado de los contrarios, ante unos medios temerosos de perder la licencia o ser sujetos de sanciones desproporcionadas, discriminados con el avisaje estatal, que debiera quedar al margen de conductas serviles.

No quepa la menor duda son los zalameros y chupamedias que eternizan el estado de cosas y la adjetivación cada vez mayor de un régimen que va tipificando su accionar con el autoritarismo, el recorte de las libertades ciudadanas y ahora más notoriamente en la economía popular carente de medios para enfrentar el costo de vida que sube sin cesar. Si se diera al menos un sinceramiento de la conducta pública en crisis y aplaudida por zalameros y chupamedias.