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domingo, 31 de octubre de 2010


en medio de la droga también la prostitución de menores


Es domingo por la noche en Ivirgarzama. La vida está en su auge cuando un operativo de la Felcc comienza en la zona rosa de esa localidad tropical, donde la demanda de prostitutas sube. Una decena de policías ingresa en “los baldes rojos” –lenocinios– para destapar el vertiginoso crecimiento de la trata y tráfico de adolescentes y niñas con fines de explotación sexual.

La escena del 24 de octubre pasado en Ivirgarzama reveló que el negocio más viejo del mundo está de moda en el trópico: operan redes de tratantes según la investigación policial, hay niñas de 12 años prostituidas, al menos unos 18 “baldes rojos” entre Villa Tunari y Entre Ríos, adolescentes que se curan entre ellas de enfermedades venéreas y el día del operativo no se halló un fiscal en todo el trópico que acompañe la operación, remarcaron policías que intervinieron en el hecho y posteriormente la defensora de la Niñez y Adolescencia, Cira Castro. Hace tres semanas la Defensoría fue testigo de la búsqueda de una madre que halló a su hija de 12 años en un lenocinio de Ivirgarzama.

“La Bahía”, “La Garza” y “La Cueva”, los tres “baldes” intervenidos, eran parte de un negocio que es combatido incipientemente en el trópico: sólo una de las cuatro personas detenidas –tres aprehendidos y un arrestado– llegó ante un juez y está presa en San Pedro (Sacaba) por explotación sexual.

Ahí, en los tres “baldes”, se halló a siete adolescentes de 15, 16 y 17 años. Sheira, de 15, además era concubina del hijo de la administradora de “La Cueva”. La Felcc se llevó a la pareja, Fernando Vaca Méndez (23), por estupro, pero éste no fue visto por el fiscal de turno. Lo mismo sucedió con el responsable de “La Garza”, Gerson Rosel Fernández.

¿Por qué no están procesados? fue la pregunta obligada para el fiscal de turno, Moises Chiri, quien respondió que a él la división de Trata y Tráfico de la Felcc sólo le pasó una detenida en el informe de “acción directa”. La Policía prefirió no entrar en debates y presentó el polémico informe, que no hizo más que contradecir a Chiri. El documento detalla que el 24 de octubre se aprehendió a tres personas por denuncias de explotación sexual (Juna Macías, administradora de La Bahía), proxenetismo (Gerson Rosel, de “La Garza”) y estupro (Fernando Vaca).

Ése fue el informe que la Felcc dio al investigador del caso en la filial de Ivirgarzama, Filiberto Álvarez. En un contacto telefónico el fiscal de Distrito, Camilo Medina, mantuvo la versión de Chiri pero dijo que no conocía el informe de acción directa.

En los “baldes rojos” los señores pagan entre 50 y 70 bolivianos por las niñas. Como algunas “no se dejan”, las inducen a beber y cada una atiende a unos cinco clientes por noche, según una de las investigadoras.

“Tres semanas más o menos estoy aquí. Antes trabajaba en pensiones por 500 bolivianos, aquí gano 1.500 bolivianos semanales. Aquí duermo, como y también trabajo todas las noches desde las siete hasta las cuatro de la mañana. Sólo descansamos los miércoles. Ese día lavamos nuestra ropa, ordenamos y limpiamos nuestros cuartos y la casa. Sólo algunas salen al pueblo a pasear o comprarse ropa”, contó a la prensa una de las siete adolescentes rescatadas el domingo en Ivirgarzama. La Felcc anunció que los controles serán permanentes en los lenocinios.

MATERNIDAD Y ALCOHOL EN LOS LENOCINIOS

Algunas de las adolescentes explotadas sexualmente combinan la actividad con su maternidad. Es común que lleven consigo a sus hijos Cuando la Felcc intervino los locales, halló adolescentes de 15 y 16 años con sus hijos y otras embarazadas. Ninguna de las víctimas ni de las trabajadoras sexuales mostró su carnet de sanidad, tampoco una cédula de identidad.

Según Cira Castro, las redes de tratantes captan a las adolescentes en provincias como Tapacarí, Punata y el oriente. En varios casos las víctimas se fugan de sus casas por problemas familiares.

LAS INDUCEN A BEBER PARA GANAR MÁS

Además de la explotación sexual, las adolescentes son inducidas a la bebida como parte del negocio. Por cada botella de cerveza de 20 bolivianos, ellas reciben cinco bolivianos, relató un investigador.

Las víctimas deben dar la mitad de sus ganancias a la administración, que es la que habilita los ambientes, cuartos insalubres y payasas –colchón de paja–.

Son las dueñas las que arreglan a las adolescentes. Una de las víctimas, de 12 años encontrada por su madre, tenía el cabello teñido, poca ropa y tacones. (Foto y texto de Los Tiempos)

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