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lunes, 15 de diciembre de 2008

Hoy los bolivianos están asustados, no se atreven a imaginarse donde estará su país dentro de 5 años, solo observan un panorama sombrío, tenebroso donde la inversión económica no existe, la formación profesional es incierta, donde la seguridad es una utopía, donde los sueños de mejores días no existen, si te atreves a mirar el mañana solo te asusta, los bolivianos están solos definitivamente, por primera vez el temor te marca la bitácora del viaje de haber nacido en Bolivia, sabes que no puedes contar con las instituciones donde tus derechos podían estar garantizados, nadie te garantiza que la formación profesional, el patrimonio, las creencias, el trabajo que te pertenece están garantizados, sabes que tu futuro está hipotecado por los administradores del estado, nadie tiene garantizados sus derechos, algunos decidieron definitivamente no incluir en sus planes a su país, todos desconfían, en Bolivia nadie puede militar en las leyes porque simplemente no existe una constitución y la que nos prometen dicen que está incompleta y que el Presidente tiene reservadas 100 leyes para ponerlas en vigencia previamente a su aprobación el 25 de enero.
Se apoderaron del discurso de que son los portadores de las banderas de la izquierda y del indigenismo - dos proyectos que definitivamente desconocen-, hoy protegen un proyecto racista excluyente donde propugna dos clases de bolivianos los que solo por ser indios o cholos cuentan con derechos de ocupar cargos en el estado y la administración de justicia cuando sabemos que esto simplemente es demagogia, se llenan la boca del indigenismo originario y hoy que están vendiendo su proyecto de constitución no se atreven a imprimir el proyecto constitucional en sus lenguas maternas, este gobierno definitivamente pudo haber tenido la intención sana de ser el cambio, de ser el vehículo de la transformación y solo fue un vagón donde el oportunismo de los mediocres solo ve en el estado la posibilidad de enriquecerse sin trabajo, el vagón donde se puedan subir y apoderarse de su destino; hoy la corrupción, el oportunismo, la violación de los derechos, la prepotencia y el autoritarismo se apoderaron del gobierno donde con la habilidad de alimentarle su ego lograron tener de rehén al Presidente y a base de la prebenda les alquiló sus servicios con la finalidad de amedrentarnos a todos.
El gran mérito de este gobierno fue el de castrar los huevos (valor) de los hombres que se llenaban la boca de ser soldados de la democracia, de la libertad, de la institucionalidad, sucede que hoy Bolivia no reclama valentía para ninguna aventura fascista ni demagógica que repita viejas recetas de malos gobernantes; hoy el país requiere la decisión, el valor, los principios, que los bolivianos se unan no a proyectos individualistas sino a la formula que le garantice a sus hijos el ser bolivianos, el trabajar y soñar con una nación de oportunidades, hoy es más cómodo para los bolivianos lamentarse y llorar detrás de una puerta, como nos arrancaron el país de la vida y no nos atrevernos a reaccionar les quitamos el derecho a nuestros hijos de tener el país que nos legaron nuestros padres, que sin ser el mejor, el perfecto ni el ideal era nuestro, en él podíamos atrevernos a ser bolivianos sin morir en el intento, hoy no nos atrevemos a alzar la cabeza de miedo a la soberbia y prepotencia de un presidente que está lejos del cargo que le honramos tener, él creyó que el ser Presidente es ser soberano, inca o emperador cuando en realidad solo queríamos tener un conductor honrado, amante de los valores, que acabe con las exclusiones y las injusticias, y solo creamos un monstruo esquizofrénico que se alimenta de la confrontación, de la sangre, que nos quita los ideales, que les arrebató mis hijos y a los tuyos el derecho de contar con un país que se llamaba Bolivia.
La primer gran batalla para derrotar la locura por última vez es el de votar el 25 de enero por la única fórmula que se juega Bolivia democrática o decidirte por cobarde a ser parte de cómo le matamos los sueños a un país que se mereció otra suerte. (Art. de EJU)

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