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martes, 26 de agosto de 2014

afortunada frase de Karen, al tratar "las nacionalizaciones"a lo mero, mero, con bandas, uniformes, armas y hasta chalecos antibalas que calzaron Evo y sus secuaces...qué nacionalización ni cuernos, meros negocios de compra venta, que están empezando a cobrar, justo ahora que se anuncia déficit en las finanzas masistas



A LO MERO MACHO
Karen Arauz


Cuando alguien desea agasajar, antes de avanzar con ningún otro detalle organizativo, la fecha del ágape tendrá necesariamente que ser acorde a la agenda de los mariachis de su predilección. Los mariachis, cultores de la magnífica cultura mexicana, son indivisibles a las costumbres bolivianas.  Nadie contrata una batucada o un grupo de música andina para sorprender el momento cúlmine del festejo. La sorpresa esperada, son unos recios charros irrumpiendo en el salón con las famosas mañanitas.
Los mexicanos han creado una imagen de machotes en virtud a su prolífica industria cinematográfica que ha venido seduciendo a los bolivianos por generaciones. Hasta ahí, todo está bien. El problema comienza cuando se adopta la estampa del mero macho, más allá de la leyenda popular, hasta para la conducción del Estado.
Esta actitud es un denominador común  a la adscripción al socialismo del Siglo XXI. Hace unos días, en ese fiel estilo, el Presidente Correa tuvo la mala idea de responder a las críticas en sentido que la convocatoria a sus secantes y pedantes intervenciones, era como en todo lado, espontánea. Al desafiar -a lo mero macho- a la audiencia a que levantara la mano quienes estaban ahí porque se les había pagado, grande fue su sorpresa cuando la casi totalidad del auditorio, levantó la mano. Aparte de lo hilarante de la situación, ha confirmado que ese tipo de actitudes, tarde o temprano tienen un costo. El otro personaje que ha adoptado fielmente el estilo, es Cristina Kirchner. Macha, desafía al juez Griessa -el malévolo administrador de justicia de Nueva York- en sentido que si él intercede por los fondos buitres, se está enfrentando a una tigresa que no se deja, aunque termina su representación llorando de impotencia y susto en cadena nacional.
En Bolivia, los mero machos son abundantes. Tenemos candidatos que no pueden -ni siquiera cuando tienen que hacer un gran esfuerzo para seducir votantes- prescindir de esas actitudes perjudiciales. O pregúntenle a  Ciro Zabala, el precio por dejar traslucir sus íntimos pensamientos pancho villescos. El asambleísta Marca, que ya es parte del anecdotario de lo insólito del pensamiento patriarcal y disparatado de esta administración, ha dejado aflorar su primitivismo, al promover alguna ley mediante la cual, se sancione a las mujeres que no tengan hijos.
El Japón y muchos países de Europa, han creado incentivos en búsqueda de aumentar sus índices de natalidad. Maternidad es sinónimo de premios, cuidados especiales, sueldos extraordinarios, soporte del Estado en el embarazo, el alumbramiento y la atención de la madre y del hijo por al menos dos años luego del nacimiento y posterior acceso a una fuente laboral, que garantice la crianza del nuevo ciudadano.  Son sociedades que están envejeciendo y les preocupa que las nuevas pero mermadas  generaciones, no alcancen para sostener el sistema de aportes que es de donde salen los fondos para el cuidado de los ancianos.
Pero claro, acá, los mero machos, en ese estilo tan irreflexivo y estúpido que han desarrollado proporcional a su poder, hablan de castigar a las mujeres porque o no pueden, o no les da la gana de procrear. Estas consideraciones, deben hacer reflexionar a las mujeres, si de verdad desearían tener un hijo, que en virtud al pensamiento reinante,  resulte otro ejemplar como los mencionados.
 Evo Morales, en uso de sus adquiridos poderes invencibles y extraordinarios, montó la nacionalización de los hidrocarburos en una colosal demostración, que las cosas hay que hacerlas a lo mero macho. Que después y bajo cuerda, terminó pagando a las petroleras por haber formado parte del set de las épicas filmaciones, es otra historia.
Jindal, la empresa hindú que despertaría al gigante Mutún y que no pudieron hacer mucho más por la falta de apoyo estatal  imprescindible a un proyecto de esa envergadura, -llámese infraestructura de gas natural o una trocal de la línea férrea-, ha obtenido una resolución de la Corte Internacional de Arbitraje en París, mediante la cual, se le debe pagar perentoriamente veintidós y pico de millones de dólares, por el valiente cobro ilegal de las boletas de garantía que el Estado boliviano tenía en su poder.
Está anunciada otra acción arbitral ante la misma instancia internacional por  daños y perjuicios,  y esta vez,  por cien millones de dólares por la interrupción del contrato y porque, a lo mero macho, el gobierno boliviano, sin reconocer que no movió un dedo para el cumplimiento de la parte del trato que le correspondía, se apropió de toda la maquinaria e inversiones que  había realizado la siderúrgica hindú. Sin contar que apresó, recio varón como es,  a los funcionarios que representaban a la Jindal en Bolivia.
No se sabe si habrá alguien que temerariamente exija con relativo éxito, que la rimbombante Procuraduría General del Estado exponga  y demuestre ante la opinión pública boliviana, cuáles fueron sus gestiones para evitar esta nueva sangría. Porque está hartando que gracias a los machotes, nosotros los gallinas -enanos empresarios incluidos-  seamos los que se la tienen que bancar.