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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Waldo Torres se refiere a la figura de Nelson Mandela, su grandez y nobleza y visión de estadista, y a Morales ciego al desafío de lucha contra la injusticia, polarizó la política y demostró ser prisionero de sus resentimientos.

Hay quienes comparan al Sr. Morales con Mandela. Sin hacer consideraciones sicosomáticas, sus cosmovisiones política-sociales son muy diferentes. Ambos dirigieron campañas nacionales de desafío al sistema político que les humillaba, ambos vencieron, pero Mandela fue un Estadista, tuvo visión estratégica de largo plazo y pragmatismo político, tuvo una oportunidad y la aprovechó útilmente, reconduciendo una relación traumatizada por años de injusticia.

La lección de Mandela es la confluencia perfecta de la no violencia y reconciliación, su filosofía tuvo la capacidad para hacer que sus compatriotas blancos y negros aceptaran compartir un futuro común y pasaran la página de su trágico pasado histórico. Morales fue ciego a este mismo desafío, en lugar de luchar contra la injusticia procurando dar una lección fundacional, promovió la polarización política y étnica en el país, y puso en evidencia de que es prisionero de sus resentimientos. 

Ambos experimentaron el racismo de la clase dirigente, como consecuencia, ambos albergaron el ideal de una sociedad libre, igualitaria, inclusiva, pero a diferencia de Morales, Mandela cohesionó a la sociedad, cumplió su objetivo de construir y afianzar un sistema democrático y multirracial cuyos logros económico-sociales hoy benefician a todos. Morales, en cambio, se equivocó, destruyó la base misma, la única sobre la que se construye la democracia: la cohesión social, que es la que trae la paz. Y justo cuando no se lo podía admirar más, justo entonces, Mandela decidió no eternizarse en la presidencia, decidió dar un ejemplo de probidad y confianza en la democracia. 

Respetando la alternabilidad en el poder, a pesar de su popularidad, decidió no acumular el poder en su persona, prefirió preparar a su patria para el momento inevitable de su reemplazo. Morales, acudiendo a un fraude constitucional, y pisoteando su compromiso moral y público, prefirió corromper la institucionalidad. Mandela pertenece al mundo, Morales es un líder ‘segmentado’ del país. 

Mandela fue un guía moral para sus compatriotas y sobrevivirá a su propia existencia. La rendición de tributos a Mandela es justo, simplemente porque deja un legado: llevó a su país a una real democracia. Un buen político debe dar su lección imperecedera para la posteridad. El Sr. Morales pudo pero no quiso, le faltaron “luces” para hacer dichoso a todo el pueblo, hoy conduce con rumbo incierto una seudodemocracia, impositiva, irrespetuosa con el imperio de la ley y la libertad de expresión; aunque aún tiene la oportunidad de rectificar, todavía puede crear un mejor país, única forma de encontrar fidelidad con la historia, de él depende si cimienta las bases de una real democracia o provoca un proceso de “recambio” en el país.