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sábado, 4 de junio de 2011

se complica. contradicción Canciller lo sacamos. ministra lo llamó su Gobierno

Las consecuencias de la presencia en Bolivia del Ministro de Defensa de Irán están afectando la imagen del país y de sus autoridades porque ese dignatario ha sido acusado formalmente por la justicia argentina de ser uno de los organizadores del atentado en contra de la AMIA, en 1994, en el que murieron 86 personas (entre ellas seis bolivianos) y por ello tiene orden de seguimiento, y, según otros informes, de arresto internacional. Pese a ello, fue invitado para la inauguración de un polémico cuartel del ALBA ubicado en Santa Cruz, estuvo en el palco de honor en la celebración del aniversario de la Fuerza Aérea y, finalmente, ofreció al país apoyo militar. 

A partir de la difusión de estos hechos comenzaron las reacciones. El Gobierno argentino recurrió a los canales diplomáticos para protestar por esta ingrata visita y exigió una satisfacción. El Canciller boliviano tuvo que dirigir una carta de disculpas a su colega argentino, en la que anuncia que la autoridad iraní abandonó el país, dándose a entender que fue expulsado, y explicando el error por la falta de información de su colega de Defensa. 

Obviamente, a esta carta debía seguir, por lo menos, la renuncia de la Ministra de Defensa por la comisión de ese “grave incidente” que incluso colocó al Presidente en un aprieto peligroso. Sin embargo, además de que esa renuncia no se ha concretado, el día de ayer se conoció una declaración de la Ministra de Justicia en sentido de que el dignatario iraní salió del país por disposición de su propio Gobierno y no del nuestro, porque “nosotros no somos jueces, no somos fiscales. Su Estado ha pedido que se repliegue”, echando por la borda el deseo del Presidente de la Cámara de Diputados y del Vicepresidente de dar por cerrado el incidente. 

Pero si nos atenemos a una publicación del periódico argentino La Nación, no desmentida por el Gobierno argentino, éste no tiene esa intención. Ese periódico informa en su edición de ayer lo siguiente: “Con un mensaje diplomático, la Argentina respondió por partida doble el conflicto que se desató con Bolivia por haber recibido al ministro de Defensa de Irán, Ahmad Vahidi (...) Por un lado, se suspendió una visita de Evo Morales, que estaba preparada para mediados del corriente mes y, por otra parte, la presidenta Cristina Kirchner recibirá hoy en Venecia a su par de Israel, Shimon Peres”. 

En forma permanente y desde varios ámbitos, se ha advertido que la relación con Irán, país que tiene cada vez menos amigos, no nos es favorable. 

Además, desde el plano principista y político-ideológico, por lo menos desde el análisis de los discursos, no es posible encontrar una razón que permita entender la amistad entre ambos gobiernos. De ahí que este lamentable impasse permita al Gobierno evaluar esta poco feliz relación y, como lo ha hecho, por ejemplo, Brasil, rectificar rumbos y no mantenerla por presión foránea. 

Pero, antes, el país y Argentina requieren del Órgano Ejecutivo una explicación sobre el caso. (Texto editorial de La Prensa, LP. Caricatura de El Dia, SC)