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jueves, 10 de febrero de 2011


apologista de un régimen que está lejos del ideal. es abusivo, corrupto y hasta criminal.


Cuando el vicepresidente García Linera habla del Estado alcanza su máxima inspiración, es como si ingresara en un estado de trance teórico. Así sucedió cuando pronunció aquella elucubración llamada “Estado Integral”, teoría que al ponerla en práctica no sirvió ni para vender unas cuántas bolsas de azúcar. García Linera volvió a hablar del Estado el pasado martes, al celebrar el Día Nacional de la Transparencia y Lucha Contra la Corrupción. Su discurso fue litúrgico, como si estuviera pronunciando el evangelio y el Gobierno fuera una pléyade de apóstoles inmaculados, el culmen de la virtud y el desprendimiento; la personificación de la honradez, el sacrificio y la entrega. Acababa de hablar el canciller David Choquehuanca, quien prometió que en el futuro Bolivia será como los ayllus, donde en lugar de candados usan hojitas de los árboles. Ninguno de los dos mencionó a aquella autoridad que un día antes fue pillada extorsionando a varias empresas y el ministro Choquehuanca hablaba en términos ilusorios como siempre, porque de lo contrario tendría que referirse a aquellas comunidades originarias que se entienden muy bien con narcotraficantes y contrabandistas, que asesinan policías, les tienden emboscadas a las fuerzas antidrogas y sacan tostando a los militares que persiguen a los camiones repletos de mercaderías ilegales. Tanta inspiración del Vicepresidente fue motivada por la reciente posesión del primer Procurador de Bolivia, una nueva autoridad que viene a sumarle fuerza al Estado Plurinacional y que a juicio de algunos observadores, se constituirá en otro mecanismo más de persecución política, mientras que García Linera insiste en que se trata de alguien que buscará proteger el bien común, como supuestamente lo están haciendo todos quienes trabajan en el Gobierno. En la teoría el vicepresidente no se equivoca ¡qué va! y seguramente nadie puede afirmar que la corrupción y el saqueo –las características del viejo Estado republicano- han aumentado en los últimos años (¿habrá bajado?). Pero de ahí a afirmar que los actuales administradores han llegado al Gobierno para empobrecerse, para trabajar 16 horas diarias sin esperar nada a cambio, para fortalecer y enriquecer a la sociedad en lugar de beneficiar sus bolsillos y a sus familias, es mucho disparar la lengua. Si andar de un lado para otro en un avión de 38 millones de dólares no es buena vida, qué pueden esperar los cocaleros del Chapare y los contrabandistas del norte de Potosí que no han conseguido más que unos cuantos Hummer “chutos”. Pensemos que aquellos no son más que excesos, errores que podría cometer cualquier administración estatal. Sin embargo, el manejo absoluto del poder, el dominio pleno del Estado le ha permitido a una élite, a cuyo mando justamente se encuentra el Vicepresidente, poner en marcha toda una serie de aventuras ideológicas que han fracasado, que le están costando millonadas al país en pérdidas, que están destruyendo la producción y dejando a millones sin trabajo, empobreciendo a la gente y haciendo sufrir de hambre a los mismos de siempre. Es verdad que el Estado se ha fortalecido, ha aumentado la burocracia y en consecuencia ha mejorado la vida de mucha gente, pero ha convertido a ese espectro cuyo apellido es “Plurinacional” en un fin en sí mismo, en un modo de vida y de subsistencia de una clase política que está dedicada a jugar con experimentos que están llevando a Bolivia a la profundización del atraso.

El dominio pleno del Estado de una élite liderada por el Vicepresidente, pone en marcha una serie de aventuras ideológicas que han fracasado y que le están costando millonadas al país.