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sábado, 13 de junio de 2009

pocas veces citamos a Cayetano en nuestros blogs, aunque debemos reconocer que en el presente artículo, especialmente cuando se refiere a "las finezas y adulaciones" en que incurre Chile, que pone por los cielos a Evo Morales, quién resultó siendo un dócil instrumento para su política de desconocer el más que centenario reclamo boliviano por una "salida soberana al mar", Cayetano se muestra acertadísimo. nos agrada además, que la bilis que habitualmente destila contra la oposición está ausente hoy de su lenguaje. la lectura de su último escrito se deja gustar...

Injerencia… ¿o costumbre?

cayetano-5Entre paréntesis….Cayetano Llobet T.

Uno de los mayores errores en los que se podría incurrir en el análisis, sería el de atribuir a Evo Morales los problemas sociales del Perú. Con dramática historia, complejidades y rabias indígenas parecidas a las bolivianas, olvidos y desprecios que sirvieron de cuna a movimientos infames como Sendero Luminoso y que aparentaron la apertura de un paréntesis por la vía dictatorial y corrupta del dúo Fujimori-Montesinos (los tiranuelos nunca van solos), sería muy rara la ausencia de confrontación.

Pero también sería de una ingenuidad irresponsable pensar que las actuaciones del gobierno boliviano ymuy específicamente las de Evo Morales, no son el ejercicio permanente de meter la nariz en otras tierras. Lo que tiene su lógica, a partir de la definición chavista de que las tareas de la supuesta liberación continental no reconocen fronteras. Lo malo de la diarrea verbal permanente e incurable del “Mussolini tropical”, es que es muy contagiosa. Con un agravante serio: el presidente boliviano no tiene defensas, ni está vacunado contra ese tipo de diarrea. No sé si habrá explicación científica, pero hay enfermos que disfrutan sus males. El resultado es muy sencillo: el gusto de meterse en los asuntos de otros deja de ser una injerencia, para convertirse en una costumbre.

La antipatía personal que se tienen Evo Morales y Alan García es algo que les brota con una naturalidad extraordinaria. Ingrediente fantástico para esa ensalada de apariencia ideológica denominada “bolivariana”, que permite, además, convertir a gobernantes como García y Uribe, en los monstruos perversos neoliberales y proimperialistas. Y en ese sentido, todo lo que se haga para debilitarlos se convierte en una suerte de cruzada. Lo de los asilados y refugiados es un vulgar pretexto para pelear, porque si fuera cierto, el gobierno ya hubiera reclamado a Brasil, con más refugiados bolivianos en su territorio.

Y el tercer grave error que se podría cometer es el de ignorar la presencia de un tercero. La felicidad de Chile, en las actuales circunstancias llega a indescriptibles niveles orgásmicos. Y es que no le puede haber ido mejor con Bolivia. Ha hecho todo, absolutamente todo, para que el enemigo tradicional de Bolivia, se convierta en su gran aliado y defensor… ¡sin dar absolutamente nada! Eso sí, grandes demostraciones de amor, previniendo cualquier posibilidad de embarazo. Qué tal será, que hasta han hecho que el comandante de su aristocrática Armada de Chile, se disfrace de Kallawaya y se haga fotografiar en el lago Titicaca remando en una balsa de Totora. Han hecho desfilar a tropas chilenas ante el monumento de Avaroa, y hasta el antipáticamente parco ex-Presidente y actual candidato Eduardo Frei, ha terminado citando a Evo Morales como referencia de la definición del conflicto que Chile sostiene con Perú. Sin olvidar -¡cómo olvidarlo!- el episodio del canciller Choquehuanca pidiéndole a Fidel Castro, ¡nada menos!, que no se meta en el tema del mar, porque era exclusivamente bilateral. ¿Cómo no van a tener razón los chilenos en disfrutar con auténticos gemidos de placer, semejante orgasmo internacional?

Por lo demás, hace rato que la palabra “injerencia” ha sido borrada de los diccionarios bolivianos. Desde que Chávez decidió que éste es el corral de su casa y se encontró con una actitud de docilidad canina, ya está acostumbrado a meterse cuando quiere. Lo grave, lo alarmante y denigrante, es que los demás también nos estamos acostumbrando.

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