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domingo, 3 de mayo de 2009

nosotros leemos para usted y buscamos en la inmensa red universal los temas que son mas añejos a la vida nacional. así el más grande diario de américa, la nación de baires, se ocupa de la negación de la democracia en que la pareja krchner está incurriendo en argentina, al cometer los mismos errores que evo morales, aquellos y éste inspirados por "el espíritu de chávez" de eternizarse en el poder. veamos:

El matrimonio gobernante ha profundizado en los últimos días su estrategia coercitiva para obtener el voto en las próximas elecciones legislativas. Lo ha hecho con frases tan desafortunadas como negatorias del propio sistema democrático, que no han logrado más que acentuar la incertidumbre y confirmar el escaso apego de quienes conducen el país a las instituciones republicanas.
El ex presidente Néstor Kirchner afirmó que si el oficialismo pierde la mayoría parlamentaria retrocederemos a 2001 y el país explotará. Poco después, la jefa del Estado, Cristina Fernández de Kirchner, agregó que en los próximos comicios "estará en juego la estabilidad democrática".
Ambos líderes del partido gobernante negaron con sus palabras uno de los más elementales principios democráticos: siempre, en cualquier elección popular, alguien gana y alguien pierde; en tal sentido, los comicios no existen únicamente para ganar. El resultado de elecciones democráticas no debería condicionar la estabilidad del sistema si éste tiene bases sólidas.
Si todo estallara por los aires en el caso de que el oficialismo resultara derrotado en los comicios del 28 de junio, habría que pensar que quienes han gobernado el país a lo largo de los últimos seis años no han hecho nada para garantizar la calidad y la fortaleza de nuestras instituciones. Lo dio a entender el propio Alberto Fernández, ex jefe de Gabinete y ex mano derecha de Néstor Kirchner. A confesión de parte, relevo de prueba.
Claro que detrás del inocultable matiz extorsivo de las declaraciones de la primera mandataria y de su esposo hay cierta dosis de realismo. Porque es verdad que los sucesivos gobiernos kirchneristas han estado lejos de consolidar los pilares de una democracia genuina. Por el contrario, profundizaron la falta de respeto a la división de poderes, avanzaron en el centralismo, renegaron del federalismo y con frecuencia atacaron a los jueces después de la cuestionable reforma del Consejo de la Magistratura.
En síntesis, si alguien ha velado para que el miedo y la incertidumbre rodeen la percepción de ciudadanos y operadores económicos sobre el día después de las próximas elecciones ha sido el propio grupo gobernante.
Los últimos indicadores económicos no ayudan a esperanzarse. Marzo registró una caída del 61 por ciento en el superávit fiscal primario respecto de igual período del año pasado, como consecuencia de un incremento del gasto público y de una disminución del ritmo de aumento de la recaudación.
Las medidas que viene adoptando el Poder Ejecutivo para paliar sus baches fiscales tampoco contribuyen a despejar las innumerables dudas sobre el futuro de las cuentas nacionales. En lo que va de este año, el Tesoro Nacional ha tomado unos 7350 millones de pesos de los fondos jubilatorios administrados por la Anses, organismo que además ha girado unos 400 millones de pesos para financiar el rojo de las cuentas previsionales de la provincia de Santa Cruz. Y, por si esto fuera poco, de acuerdo con denuncias de la oposición, el Estado nacional gasta sin control casi 120 millones de pesos por día, tomando datos correspondientes al año pasado.
El Gobierno ha activado una bomba de tiempo, especialmente al convertir al organismo que gestiona las prestaciones de la seguridad social en el gran financista del sector público, tal vez pensando que el actual oficialismo no estará en el poder cuando termine la cuenta regresiva y se produzca la explosión.
Mientras el matrimonio gobernante amenaza con el fantasma del caos si la oposición triunfa en las próximas elecciones, el propio gobierno nacional es quien se ha transformado en el principal factor de incertidumbre que opera en la vida pública.
El 29 de junio, cualquiera que fuere el resultado electoral del día anterior, todos los argentinos deberemos levantarnos sin miedo a trabajar por un país mejor, con más diálogo, más respeto por las instituciones y más vocación por edificar políticas de Estado capaces de resolver, al margen de toda disputa partidaria, los afligentes problemas que nos acosan. Ese día, definitivamente, deberá terminar la política de la extorsión y dar comienzo la política del diálogo.

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