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martes, 30 de septiembre de 2008

los cercos no caben en país civilizado
Ya está más que llegado el tiempo para que los bolivianos, aquellos miles y millones que demandan y claman por el retorno a la paz, por la unidad del país y la preservación de la democracia, se manifiesten de manera contundente.Ya está más que llegado el tiempo de que lo hagan libre y espontáneamente saliendo por los fueros de sus derechos elementales. Tiempo de acometer la misión histórica de reinstalar la paz, de reforzar la unidad del país y de profundizar los principios de la democracia, por el conducto de la razón, del entendimiento fraternal, con prescripción total de los métodos violentos y de las prédicas engañosas y desvaídas de la demagogia.En este tiempo reciente que nos ha lanzado de sobresalto en sobresalto y que nos ha sumido en natural nerviosismo, los ciudadanos estamos colocados ahora ante el trance de hacer causa común en torno de la paz y en defensa de una cabal y efectiva democracia. Causa común sin más armas, desde luego que la voluntad para abrir a la nación el acceso a la concordia, que es fundamental para echar pie en el progreso y el bienestar de todos. Pero no vale la pena hacerse ilusiones en torno al disfrute de la paz y la preservación de los principios verazmente democráticos. Forzosamente todas las ilusiones que nos hagamos acerca de la convivencia democrática y pacífica tienen que aplazarse y morir frente a los vigentes planes de cercos a las ciudades o al Congreso Nacional por los desaguisados sociales y políticos que estremecen al país. Frente a esa insólita y permanente amenaza de cercos y cosas por el estilo, tan de moda en nuestra Bolivia que debiera estar asociada más bien, a través de todas sus reservas humanas para generar paz y recursos materiales, no podemos, sus pobladores, cruzarnos de brazos y menos esperar postrados hasta que la hecatombe nos sepulte sin remedio.Sin asumir poses desafiantes ni provocativas que pueden determinar aumento de recientes saldos trágicos, los ciudadanos sin compromisos, o comprometidos más bien, con la preservación de la democracia y especialmente de la paz, debieran declararse en estado de alerta y hasta de movilización efectiva. Nada de armas, ni a la vista ni bajo el poncho. Alerta y movilización con ideas, con invocaciones cristianas y patrióticas, con la incuestionable determinación de tender sin límites los lazos fraternales que engrandecen a los pueblos de cualquier parte del mundo. Los cercos tienen su espacio. Caen bien para contener a los animales cerriles o para aislar a la hez. Los cercos no caben en país civilizado como estamos seguros de que lo es nuestra Bolivia. (el deber, sc, bol)

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