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jueves, 9 de febrero de 2017

"cuando con la mirada se maneja a ministros, a jueces, a generales como muñecos" Alvaro Puente describe el "nuevo palacio de Evo" el museo "qué difícil sentirse mortal y limiitado...darse cuenta cuando todos te llenan la cabeza de soberbia e idolatría. todo es el culto a la persona.

Ahí va para los futuros Evos, para los que lo tienen acorralado en un pedestal, para los que lo van destruyendo a lisonjas, para los que fabrican con él su propio mito, va lo que pudo ser para Evo Morales.

Qué agradable debe ser que todos te saluden, que te señalen, que seas para todos el personaje más importante. Qué alegría que te feliciten por todo y te envidien. Qué genial que te admiren y te teman, que te tiemblen, que si hace falta te amarren los cordones sin chistar.

Es lo máximo tener tanto poder. Es un delirio disponer de los bienes y millones de todo el país. Es indescriptible lo que se siente cuando con la mirada se maneja a ministros, a jueces, a generales, como muñecos. No se puede explicar lo que se vive cuando son miles los que creen y te tratan como si fueras un enviado de Dios, cuando hasta tus camisetas las conservan como reliquia.

Es agradable, pero qué difícil se hace en ese trance sentirse mortal y limitado, como todo el mundo. Qué difícil es contemplarse con sencillez. Qué difícil, casi imposible, es darse cuenta de las propias limitaciones.
 
Hasta las bajezas parecen grandezas. Qué difícil darse cuenta de que todos son importantes. Qué difícil sentir la grandeza de los anónimos y de los desconocidos. Qué difícil comprender que todas las personas son respetables. Cuando todos los que te rodean te llenan la cabeza de soberbia y de egolatría, qué difícil se hace distinguir al amigo del servil, del interesado, del comerciante de sonrisas y de aplausos.

 Es diferente ver la Presidencia desde Chapare y verla desde la misma Presidencia. En Chapare debió verse como un bello reto, como la oportunidad genial de borrar del mapa el dolor, la pobreza, las diferencias. Desde la Presidencia es la lucha por conservar el poder conquistado, de guardar el tesoro que tanto gusta. Desde Palacio es disfrutar de la fuerza, de la omnipotencia, del bienestar. Es sentirse cada día más arriba, más presidente, más temido, más adorado. La pena es que uno olvida dónde quedó el reto. Dónde la oportunidad.


La diferencia es el Museo de Orinoca. El centro ya no es el cambio. Ahora es Evo. Es el culto a la persona. Es tanto el llunk’erío (Adulación) que ya no bastan las palabras. Hacen falta toneladas de ladrillos y cemento. Es el templo de las alabanzas. Es el castillo de las loas y del incienso. Es el palacio de lo que no es ser presidente. 

Es la rabia de sentir a Dios como una desleal competencia 

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