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martes, 13 de diciembre de 2016

muchos exiliados dice El Deber, podríamos adjetivar, demasiados exiliados de un Gobierno que solo ofrece una secuencia de excusas absurdas, disculpas fallidas y la ausencia de mensajes claros a la opinión pública.

La dramática fuga de Celia Castedo Monasterio hacia Brasil, para escapar de las represalias que dice temer de parte del Gobierno nacional por sus denuncias acerca de las irregularidades que precedieron a la caída del avión de LaMia, el 28 de noviembre, viene a empeorar más la imagen internacional del país. El grito de algunos jóvenes indignados de Chapecó –“¡malditos bolivianos”!– durante el velatorio de los jugadores fallecidos en aquel avión fue la definición más clara del desprestigio del país a raíz de este hecho lamentable.

La secuencia de excusas absurdas, disculpas fallidas y la falta de un mensaje claro del Gobierno nacional a las autoridades brasileñas llegó a superar a la lista de errores cometidos en la preparación del fatídico vuelo. Los viajes del presidente a Cuba fueron también una muy mala señal. La señora Castedo debió dejar un trabajo que tenía desde hacía 30 años, abandonar a su familia, por buscar refugio en un país donde espera tener el grado de justicia que está segura de no tener aquí en Bolivia.

Una técnica aeronáutica que se va a Brasil en busca de justicia, que se suma a un senador, un juez, un fiscal y cientos de ciudadanos pandinos que debieron llegar a ese país por la persecución provocada a raíz del ‘caso Porvenir’. El Gobierno nacional exige la detención de la señora Castedo por parte de Interpol, pero además le pide al Gobierno de Brasil que la expulse, cometiendo un error evidente, pues se sabe que el Gobierno de ese país la ha acogido, y no es probable que cambie de opinión ante las exigencias de Bolivia.

La exiliada asegura haber hecho todas las advertencias y observaciones al vuelo del avión de LaMia, pero lo más grave es que denuncia haber sido presionada por las autoridades para cambiar su informe, en el que había enumerado sus observaciones. Las presiones le llegaron al día siguiente del desastre, dice ella.

La imagen del país ha sido dañada de manera irreparable con este lamentable episodio. Seguir cometiendo errores es empeorar la situación. Al Gobierno le está haciendo falta recapacitar. Amenazar a la señora Castedo, como se hizo con los anteriores ciudadanos que se refugiaron en Brasil, es confirmar que en Bolivia, de veras, no hay seguridades jurídicas ni siquiera para los ciudadanos.