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jueves, 10 de noviembre de 2016

poder judicial vengativo y arbitrario. de un populismo corrupto, ostentoso, asistencialista, Bolivia ha retrocedido 10 años, todo sujeto a una pequeña élite tecnocrática mestiza. Susana Seleme, no ahorra adjetivos para explicar "la obra" de un régimen que desprecia la separación de poderes.


La involución democrática

 Susana Seleme Antelo

 

Merced a la dominación de un poder Judicial vengativo y arbitrario, y de un populismo asistencialista, ostentoso y corrupto, Evo Morales ha llevado a Bolivia a una involución de la democracia. Durante 10 años ininterrumpidos, el país retrocedió en la vigencia de libertades ciudadanas y respeto a los Derecho Humanos. Como fiel discípulo de los socialismos modernos u otros o más añejos, Morales se consolida con el rechazo a la independencia de poderes.



Desde el punto de vista económico, según James Petras, intelectual libre de toda sospecha ‘imperialista’, Morales aplica medidas “ortodoxas y reaccionarias con una retórica radical. El radicalismo en el exterior complementa la ortodoxia en casa, en las manos de una pequeña élite tecnocrática mestiza”. A esa élite, se le suma la dirigencia política. Unas y otras han acumulado riquezas parasitarias pues ninguna proviene del esfuerzo y el trabajo. Son los responsables de la “década perdida” pues no invirtieron los excedentes del ciclo de altos precios de materias primas, en desarrollo productivo. Morales y su élite les privaron a los excluidos de siempre de oportunidades vitales, entre ellas, las tareas de la libertad. Aquellas a través de las cuales podrían haberse mirado y reconocido a partir de sus múltiples determinaciones, sin racismo ni por el color de la piel. ¿Dónde quedó la trilogía “originaria-indígena-campesina” y la defensa de la ¿madre-tierra? Fueron anzuelo para incautos.



Ya no hay dudas de que el jefe del régimen, el Vice, ministros y funcionaros están ejercitando sus dotes de dictadores sin tapujos. No tienen más lenguaje que la fuerza, la persecución y las guillotinas judiciales. En ese tenor, pretenden dejar a Bolivia sin lel exprefecto de Pando exiliado9exiliado9s iuaíderes políticos de oposición. La Fiscalía -que ha sustituido a las bayonetas de las dictaduras militares- les ha abierto procesos a casi todos. A algunos más que a otros. Pero ninguno se libra de las ínfulas totalitarias.



Así, caminan con sus decenas de juicios a cuestas el expresidente Jorge Quiroga, el gobernador de Santa Cruz Rubén Costas, el exprefecto de Beni Ernesto Suárez, al que le privaron de su derecho de ser electo democráticamente. Hoy se ensañan contra el exministro de Planificación Samuel Doria Medina, actual jefe de su partido Unidad Nacional, y contra la alcaldesa de El Alto, Soledad Chapetón, del mismo partido, a quienes el régimen acosa sin tregua. Y no olvidamos a los presos como el exprefecto de Pando, Leopoldo Fernández y a los cruceños Juan Carlos Guedes, Alcides Mendoza, Zvonko Matkovic Rivera, tras 8 años de juicio sin pruebas y sin que hubieran cometido los delitos que se les imputan. Tampoco olvidamos la larga lista de exiliados políticos, como Hugo Carvajal Donoso, Guido Añez Moscoso, Jorge Torres Obleas, Branco Marinkovic, el periodista Carlos Valverde Bravo, entre otros. Bolivia vive una involución democrática, porque la democracia no es compatible presos y exiliados políticos y con juicios sin delitos.



Sabemos de sobra que Morales y compañía no son demócratas. Por eso felicitan exultantes a Daniel Ortega y su autocracia perfecta en Nicaragua. En otras palabras, a falta de un autócrata, dos: Ortega y su esposa, tan impresentable ella, la poeta, como él. Todo queda en familia. Hajo Lanz, representante de la Fundación Friedrich Ebert, afirmó a la Deutsche Welle, que lo que allí hubo “no fueron unas elecciones… los resultados son una farsa total”. Ya antes de los comicios el gobierno eliminó a los candidatos opositores. Tampoco hubo observadores internacionales para llamar la atención sobre la ausencia de transparencia en la justa electoral.



Eso pretenden Morales y compañía para Bolivia. Entre razones por lo de los observadores internacionales, después del tremenda sofocón que les produjo la presencia de un veedor de la OEA en uno de los juicios a Doria Medina. El régimen ha catalogado esa presencia como “injerencia” y que “vulneró la soberanía de Bolivia”.



Habrá que recordarle a Morales que injerencia fue la que llevó a cabo la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) luego de la llamada ‘masacre de Porvenir’, en Pando, septiembre 2008. Creada en mayo, ya en octubre, en tan corto período de vida, cumplió a pie juntillas los afanes geopolíticos de Hugo Chávez (+), su promotor, para expandir el Socialismo del siglo XXI en América Latina. Mostró su naturaleza intervencionista a favor de los intereses políticos anti-autonomista de Morales, que quería preso al prefecto autonomista Leopoldo Fernández. UNASUR se parcializó sin que le temblara la mano para ejercer de juez y condenarlo, a partir del montaje de falsas evidencias, sin pruebas fehacientes y al margen del Estado de Derecho. Esa fue injerencia flagrante.



Antes, entonces y hoy Bolivia vive una involución democrática.