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jueves, 6 de octubre de 2016

Ovidio Roca afila su pluma, con rasgos firmes escribe sobre el Populismo y el Estatismo, una mala combinación que da lugar al "chenko discursivo, a la mezcla del jilakatismo, indigenismo, estatismo, comunismo, troskismo, anarquismo y socialismo siglo 21 y comuninatio..." todo un burdo populismo corporativista y demagógico"



Historias y relatos de la época plurinacional


Gran parte de la población del Estado Plurinacional ha sido moldeada en el populismo y el estatismo y cree además en el discurso socialista e indigenista. El caldo de cultivo de esta creencia proviene en principio del temor por su incierto futuro y de la necesidad de sentirse protegida por el grupo, el sindicato, el caudillo.

Sus dirigentes sindicales y políticos, por herencia ideológica de los antiguos líderes mineros y los actuales q’aras castrochavistas; están inmersos en un ch’enko discursivo, un popurrí mezcla de jilakatismo, indigenismo, estatismo, comunismo, trotskismo, anarquismo, socialismo siglo 21 y socialismo comunitario; pero en el fondo solo es un burdo populismo, corporativismo y demagogia, con el que mantienen al pueblo embaucado.

El éxito del populismo está en su discurso emocional, que apela a los temores y poco a la razón. Un discurso en el que además se culpa de todos los males que aquejan al pueblo, a los anteriores gobernantes, a la vieja política, a los neoliberales y al imperialismo y luego ofrece conducir un proceso de cambio con pachamamismo, honestidad, inclusión indígena y aunque nada de esto cumplen, ahí van campantes hasta que la economía y el pueblo unido les pare el carro.

Hechura de sus circunstancias, aunque solo en el discurso, la mayoría de la población boliviana odia a los capitalistas y desprecia la economía de mercado, tiene pasión por el dirigismo estatal, son fanáticos de la estatización y nacionalización de las empresas y consideran al Estado como el único instrumento para resolver todos los problemas de la sociedad y de la economía; pero en su praxis diaria y para sobrevivir, son capitalistas y mercantilistas militantes que rápidamente se organizan de forma corporativa para defender su forma de vida y de trabajo y ejercer presión sobre las autoridades, las que saben dueñas absolutas del aparato del Estado y sus instrumentos.

Mientras en el liberalismo clásico se reconocen solo tres funciones al Estado: seguridad, justicia e infraestructura, en el imaginario de casi todos los latinoamericanos y en especial de los bolivianos, está fuertemente implantado el estatismo, la convicción del tata Estado omnipotente, del estado empresario y ningún ejemplo del fracaso de este modelo (Rusia, Cuba, Nor Corea, Venezuela) los hace cambiar de opinión. Los mismos empresarios por debilidad y comodidad, no asumen sus propios riesgos y buscan siempre la protección y la teta del Estado.
Es importante destacar que en los países más desarrollados, no consideran que el Estado deba invertir en actividades productivas y empresariales, pues esto está a cargo de la iniciativa privada. Estos mismos países donde se respeta la propiedad privada y el libre mercado prosperan y dan surgimiento a las clases medias, que son las que dan estabilidad y pragmatismo político a las sociedades modernas y con esto también se logra que una gran parte de los ciudadanos tenga una vida digna.

Confirmando la mentalidad estatista del Gobierno, García Linera en una de sus frecuentes alocuciones, cuestionó que al momento no exista alguna empresa productiva promovida por los gobiernos regionales, una realidad que según él va en contrasentido con las inversiones efectuadas por la administración del presidente Evo, para la creación de empresas estatales de carácter productivo y sin recurrir a fondos externos entre ellas: Papelbol, Ingenio Azucarero, Planta de Amoniaco y Urea, Teleféricos, etc.

Reconocidos profesionales bolivianos se han referido a estas millonarias y desastrosas inversiones: La Planta de Urea del Chapare cocalero a 837 Km de la frontera y más de mil del mercado, tiene como costo de transporte por tonelada 400 dólares, más los 137 dólares de costo de producción, suman 537 dólares de costo puesto en frontera, mientras el precio de mercado es de 177 dólares. Ergo, se pierde menos no produciendo.

Las tres líneas de teleférico que cotizó Ronald Mac Lean, Alcalde de La Paz, iban a costar 18 millones de dólares. Tremenda diferencia respecto a las cinco líneas de la época plurinacional, que cuestan más de 500 millones de dólares.

Un experto en hidrocarburos señalaba que lo único que YPFB tiene para mostrar luego de diez años y 1.600 millones de dólares de gasto en exploración, es el descubrimiento de unos supuestos 28 millones de barriles de petróleo y nada de gas en el campo Boquerón, ya existente. Un petróleo, cuyo costo hasta ahora es de 80 dólares por barril.

Para entender todo esto, hay que saber que el negocio de los políticos populistas y no el del país, está en la adjudicación de contratos, aunque “después de ellos, el diluvio”.

Los pueblos en su permanente lucha por la libertad y como dueños y creadores de su destino, tienen la necesidad de enfrentar y superar a las ideologías centralistas y absolutistas que usan el Estatismo; vale decir el aparato y los recursos, económicos e institucionales del Estado y también el Populismo; ideología que permite el manejo y control del pueblo a través de sus emociones, sus ilusiones y temores, para así erradicar la Fórmula nefasta: Populismo + Estatismo = Fracaso Económico + Corrupción.

Sabemos de esto, pero las ilusiones son más fuertes y creíbles que la realidad y ahí nos va.