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lunes, 18 de enero de 2016

demostrar ante el mundo que el socialismo del siglo XXI aún está vigente, que la caída del castro chavismo puede demorar, que la capacidad de maniobra del gobierno evoalvar es tal que puede ganar un evento aún en contra de todas las encuestas. Carlos Sánchez desde Miami, EEUU previene que sin un control de la prensa internacional minucioso y persistente el 21F puede ofrecer resultados engañosos.

El socialismo del siglo XXI y su factor Evo Morales utilizan el referéndum del 21 de febrero (21F) en Bolivia como escenario para mostrar que el derrumbe de su modelo antihistórico y antipopular -derrotado el 2015- puede ser al menos demorado. 
El declinante proyecto castro-chavista necesita con urgencia un triunfo en Bolivia con el “Sí” dictatorial. El pueblo boliviano está por el “No” al abuso, a la corrupción, la impunidad, el narcotráfico, la violación de la libertad de expresión y de prensa, la existencia de presos y exiliados políticos, en suma “No” a la ausencia de estado de derecho y democracia. Bolivia quiere que Morales deje el gobierno y rinda cuentas. 
A cinco semanas del 21F el “No” gana ampliamente, pero el dictador cocalero usa la amenaza, el miedo, la represión, la corrupción y el fraude para simular un resultado a su favor. El pueblo boliviano necesita –ahora- el seguimiento de la prensa libre internacional para verificar y evitar el fraude.
El sistema electoral boliviano es sólo una tecla del poder total de Evo Morales. Ha sido construido para aplicar el concepto que “elecciones son democracia” y que “el jefe siempre gana las elecciones”. En Bolivia, como todos los países del socialismo del siglo XXI, el sistema de identidad personal ha sido modificado y está bajo control del Gobierno, el mapa electoral cambia para organizar distritos favorables al régimen, líderes políticos y cívicos están presos o exiliados por la persecución judicializada y se busca su muerte civil. El dictador del dinero ilimitado, cuyas fuentes no explica y usa arbitrariamente los recursos y bienes del estado, ha aprobado leyes electorales infames que limitan la campaña de la oposición, rompe sus propias normas, y finalmente ¡“hace campaña con miembros de su tribunal electoral”!
Haciendo paralelismo con el fútbol, en Bolivia se sabe que Evo Morales en elecciones y en campaña por el “Sí”, es dueño de la cancha de juego, de la pelota, de los medios y periodistas que transmiten el partido, tiene comprados los árbitros que incluso juegan a su favor, patea, inhabilita y saca de la cancha a los adversarios, manipula algunos jugadores del equipo contrario, tiene amenazado al público, controla los veedores internacionales, tiene amarrado el resultado a su favor. No existe ningún elemento de elecciones “libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo”.  Lo maneja todo, pero en el 21F Morales y su gobierno están en evidencia, ya no pueden tapar la corrupción ni el fracaso del modelo estatista y centralista, ni su dependencia de la transnacional fundada por Chávez, no engañan más respecto a su rol y al narcotráfico. El pueblo sufre sus abusos y prepotencia pero ya no sirve el discurso de acusar a los gobiernos o líderes políticos a los que Morales ha victimado; la prebenda ya no alcanza, el discurso antiimperialista está deteriorado, ya no le creen la farsa del indigenismo, ni de ser de izquierda… ¡el dictador está desnudo!
La campaña de Morales, como las de Maduro, Kirchner, Correa, Ortega, está fundada en el miedo. Amenaza a las comunidades con obras o beneficios como si los recursos fueran de su bolsillo.  Atemoriza a los ciudadanos diciendo que al perder el “Sí” viene la crisis, cuando lo que en verdad hace con el referéndum -anticipado cuatro años a la próxima elección- es tratar de amarrarse antes de que la crisis económica que ya existe se agudice (según sus propios datos el gobierno de Bolivia sufrió un descenso de $2.068 millones en reservas el 2015). Presiona a líderes regionales, cívicos y políticos cuando van por el “No”. Reinició una investigación sobre gastos reservados contra Quiroga y Mesa que declararon por el “No”. Mandó abrir dos nuevos juicios contra Sánchez de Lozada y Sánchez Berzain, a quienes acusa dirigir la campaña del “No”. También reactivó la persecución contra los exgobernadores de Chuquisaca, Sabina Cuellar, y de Cochabamba, Reyes Villa. Ha acuñado la señal que quien no se calla o no apoya el “Sí”, será perseguido, despedido y criminalizado, y nada de esto es noticia.
Morales por medio de su presidente del Senado ha llegado al extremo de que se presenten documentos falsificados denunciando a instituciones prodemocracia de los Estados Unidos acusándolas de elaborar un “plan estratégico para Bolivia”  extraordinariamente igual los del servicio de inteligencia cubano en el “asesinato de la reputación” de personas e instituciones.  La cobertura de noticias debe ser a favor del oficialismo, los líderes, exiliados o presos no pueden tener cobertura, y si sucede debe ser sólo para discutir la agenda de falsas acusaciones con las que el Gobierno los persigue y como amenaza a la ciudadanía. Una intensa campaña de imagen de Evo Morales en el exterior, con rótulos de “exitoso, indígena y demócrata”, con gastos millonarios de relaciones públicas y de lobby que no se revelan, completa el escenario.
“La campaña por el ‘No’ es una causa ciudadana por Bolivia, no tiene jefes, es de todos los bolivianos que luchamos por el retorno del Estado de Derecho y la democracia”. El “No” son cientos, miles, millones de campañas, casi cada boliviano hace su campaña por el “No”, amenazado por las acciones estalinistas de Evo Morales.
Por eso es urgente que la prensa libre internacional mire a Bolivia, para que más allá de los grandes intereses económicos y cuentas que mueven los regímenes de Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros para continuar con la farsa, se sepa la verdad y se garantice a los bolivianos que su voto no será falsificado y que los gobiernos en Bolivia vuelvan a tener fecha de retiro y obligación de rendir cuentas.
*Abogado y Politólogo.  Director del Interamerican Institute for Democracy