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miércoles, 1 de julio de 2015

nunca mejor un título "el ocaso de los dioses" para señalar el término del chavismo, "no hay mal que dure cien años..."el fin de Maduro de Cristina, de Lula Da Silva, ecuador y en Bolivia con signos inequívocos de acabarse el masismo...según Marcelo Ostriallegará pronto la hora de restaurar las instituciones, los derechos y la libertad

No se trata de la obra de Juan Gil Albors sobre la religión, la Iglesia y la existencia de Dios. Es el otro ocaso; es el de los políticos-brujos que prometieron tanto y que, ahora, enfrentan el fracaso y van hacia su inevitable desaparición de la vida pública. La situación de los gobiernos afiliados al Foro de San Pablo se ha vuelto difícil y de ellos quedará el recuerdo de las violaciones a los derechos fundamentales y las campañas de odio contra personas, instituciones y países, a los que vieron como enemigos, no solo del populismo, sino de la estirpe humana.

Son los que buscaron dominar las instituciones de sus países y conservar el poder indefinidamente por el engaño y por el fraude. Es más, ninguno se ha librado de acusaciones creíbles de actos de corrupción. También son los que procuraron –y casi lo han conseguido– quebrar la institucionalidad y la solidaridad hemisféricas; primero, como lo propuso el desaparecido presidente venezolano Hugo Chávez, se intenta hacer desaparecer la OEA y, ahora, ungiendo, como principal funcionario del organismo continental, a un secretario general opaco, sectario y funcional al populismo, que seguramente ya sacará las garras.

Como siempre, se está cumpliendo el refrán popular: “No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”. El régimen ‘bolivariano’ de Venezuela se debate en una espantosa crisis terminal económica y política y ya se sabe que “el chavismo nunca ha enfrentado una elección más difícil que esta” (Luis Vicente León, presidente de Datanálisis).
Tampoco hay buenas noticias para el Gobierno de la presidenta argentina, que acaba de sufrir un revés electoral en la provincia de Mendoza, lo que anuncia que en octubre el kirchnerismo, luego de 10 años en el poder, probablemente será derrotado. Por su parte, la presidenta brasileña, heredera de Lula da Silva, se hunde cada vez más en las encuestas como expresión del descontento. Y no la tiene fácil el presidente ecuatoriano, pues, mientras guerrea con la prensa –a la que no consigue acallar–, crecen las protestas en las principales ciudades de su país. En Bolivia se advierten signos de ese ocaso: los intentos de desestabilizar a los opositores electos, como a la alcaldesa opositora de El Alto –ciudad que fue reducto del oficialismo–, han fracasado, aumentando la desazón del régimen.

Cuando hayan desaparecido los brujos, se podrá, con cordura, sensatez y espíritu solidario, restaurar las instituciones, los derechos y la libertad. Será, entonces, el comienzo de una nueva era en América