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jueves, 4 de junio de 2015

Misicuni de nuevo en el manoseo. llamó la atención "la agilidad en la firma de los contratos". que las contratistan fuesen chinas, dejaban una interrogante, no obstante LT puso en entredicho, con profética premonición, "que la falta de transparencia". las observaciones están que crecen de tono, todo indica que "algo no anda bien" otro fraude, otro engaño, otro embuste al pueblo de Cochabamba? se trata de "más cuentos chinos?"

Cochabamba es el departamento que más sufre por esas anomalías  porque su principal proyecto de desarrollo, Misicuni, ha sido puesto en manos de una empresa china .
 
Hace algo más de un año, en el espacio subeditorial de esta página correspondiente al 20 de febrero de 2014, nos referíamos con sorpresa y preocupación a un tema cuya importancia ha ido creciendo durante los últimos meses. 

Hablábamos acerca de “la agilidad con que se suscriben millonarios contratos vía la adjudicación, tras invitación directa y a la creciente frecuencia con que las beneficiadas son empresas chinas”.
Sobre el primer aspecto del asunto, recordábamos que “ya nos hemos ocupado en estas páginas en más de una oportunidad a lo peligrosa que es esa manera de actuar elevada últimamente a la condición de política oficial del Estado, por las obvias dudas a las que da lugar en cuanto a las condiciones contractuales, precios y calidad de obras y servicios contratados”.

Y en cuanto al segundo aspecto, el relativo a la frecuencia con que son empresas de origen chino –estatales, privadas o mixtas– las que se benefician con esas adjudicaciones, decíamos que por ser un fenómeno novedoso en nuestro medio resultaba algo difícil de abordar. Y aunque reconocíamos que era prematuro emitir cualquier juicio de valor sobre la inusitada presencia china en las obras públicas de nuestro país y nuestra región, sosteníamos también que la falta de transparencia con que se realizaba la mayor parte de esas adjudicaciones no era una señal tranquilizadora, ni mucho menos.

Los meses transcurridos desde entonces no han hecho más que dar sólido fundamento a esos temores. En efecto, basta ver de cerca lo que está pasando en la mayor parte de las principales obras públicas en nuestro país –y muy especialmente en Cochabamba– para constatar que los resultados no son de los mejores.

En efecto, y tal como lo refleja con abundantes datos un reportaje sobre este tema publicado el pasado martes en nuestro suplemento económico “El Observador”, son muchas y muy frecuentes las noticias que salen a luz sobre irregularidades de diversa índole en las obras adjudicadas a empresas chinas. 

Entre las más recientes de las noticias a las que nos referimos se destacan las denuncias que pesan sobre Camce, Vicstar y Sinohydro por vulnerar la Ley de Higiene y Seguridad Ocupacional, malos tratos a los trabajadores, falta de alimentación y, la última constructora, por deficiente dotación de viviendas. En el caso de la segunda, hay observaciones a la calidad de las obras. Además, en febrero pasado el Gobierno rescindió contrato con la estatal china Railwail por incumplir plazos en la ferrovía Montero-Bulo Bulo.

Cochabamba es, en medio de todo ese panorama, el departamento que más directamente sufre las consecuencias de esas anomalías. Y  no sólo porque es uno de los que más concesiones ha hecho a empresas chinas, sino porque su principal proyecto de desarrollo, Misicuni, ha sido puesto en manos de Camce, una de las que se destaca por su falta de cumplimiento de normas laborales vigentes en el país y de los plazos que se le otorga para la realización de las obras que se adjudica.

Se trata, como los hechos lo demuestran, de un asunto que no puede ser tomado a la ligera. Y en lo que a Cochabamba corresponde, sólo cabe esperar que las nuevas autoridades le den la importancia que merece.