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domingo, 8 de enero de 2012

de cuerpo entero pinta El Día a Evo en su Laberinto, acorralado por sus contradicciones y vaciedad deambula por lugares comunes sin iniciativa para perpetuarse en el poder


Una reciente encuesta presenta a Evo Morales en plena soledad. Solo con el poder. Absolutamente él y nadie más. Se trata de un sondeo que muestra cómo el Gobierno del MAS no existe en el país y que los bolivianos se dan cuenta de que hay un “proceso de cambio”, porque lo ven al presidente volando de un lado para otro, apareciendo en televisión, insultando, amenazando, pero también prometiendo y vendiendo las mismas ilusiones del 2005.

Todos los ministros de Evo Morales tienen menos del cinco por ciento de aprobación. Seguramente muchos de los encuestados se enteraron de los nombres los funcionarios el día que le hicieron las preguntas. Ministros con el uno por ciento es, sin lugar a dudas, la mejor prueba de que la gestión es inexistente en Bolivia, problema ya no se puede tapar con mentiritas como al de la inflación del 6,9% o aquella que asegura que la pobreza ha sido derrotada en el país.

¿Dónde está el gobierno? Pues en el derroche, no solo de los fondos públicos, sino el despilfarro de prepotencia. Curiosamente, cuando más débil aparece la figura del presidente Morales y su gabinete, más intentan los conductores del régimen hacer prevalecer su fuerza sobre los viejos “enemigos internos” a los que insistentemente trata de azuzar para que la gente no se termine de convencer de que los verdaderos enemigos de ahora son los indígenas y los trabajadores con quienes agranda los abismos.
¿Se puede gobernar con poses y cortinas de humo? El derrocamiento del gobernador del Beni, las arremetidas contra Rubén Costas, a quien pretenden humillar obligándolo a que pida perdón, las nuevas escaramuzas contra personas del oriente boliviano a través de esa payasada llamada “Caso Rózsa I y II”, no son más que intentos por ocultar el pronunciado debilitamiento del presidente y su Gobierno. Se trata de movimientos, supuestamente políticos, que no conducen a nada, pues está demostrado con mucha claridad, que la oposición hace mucho que perdió la fuerza como para constituirse en una amenaza y si el régimen apela a la persecución, es simplemente por desviar la atención de la terrible soledad en la que se encuentra el Gobierno, sin iniciativa, enfrascado en una única visión de acaparar poder y un único proyecto de país focalizado en la coca.

El Gobierno ya no tiene enemigos externos. El discurso antimperialista se ahogó por completo con los eventos relacionados con el narcotráfico que han puesto en la cornisa del descrédito a las máximas figuras del “proceso de cambio”. Las relaciones con los países vecinos están cada vez más narcotizadas y los organismos internacionales no quieren hablar de otra cosa con Bolivia, más que de los esfuerzos que tiene que hacer el país por reducir el peso de la economía ilegal. Los intentos por inflar la hostilidad con Chile no han dado buenos resultados y la diplomacia boliviana no ha hecho otra cosa que pasar papelones. El último lo ha tenido que sufrir en territorio peruano, donde Evo Morales intentó jugar sus cartas y no hizo más que generar malestar en las fuerzas armadas del país vecino.

El intenso coqueteo del presidente con los militares, a quienes no sabe qué ofrecerles para ganarse su lealtad, es otro reflejo que delata la vulnerabilidad que siente el régimen, que ha perdido el discurso, que ya no tiene proyecto y que de a poco va perdiendo también sus bases, hecho que pone en peligro la continuidad del MAS más allá del 2014.
Ministros con el uno por ciento de aprobación. Esto es, sin lugar a dudas, la mejor prueba de que la gestión es inexistente en Bolivia, problema ya no se puede tapar con mentiritas como al de la inflación del 6,9% o aquella que asegura que la pobreza ha sido derrotada en el país.