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miércoles, 29 de junio de 2011

mayoría no está de acuerdo con el akulliku. los jóvenes hasta sienten "asco" el art. de C.Cordero

Un grafiti pergeñado en varias paredes paceñas, atribuido al ingenio del grupo Mujeres Creando, sostiene que: “No hay nada más triste para los pueblos que los usos y costumbres”. Desde dicha perspectiva, a manera de ejemplo, masticar hojas de coca podría entenderse como una triste costumbre. En todas las culturas y sociedades existen costumbres deplorables que se busca eliminar o sustituir con otras prácticas, con tiempo y con educación.

Conviene recordar que la costumbre de masticar hojas de coca se intensifica durante la etapa colonial de nuestra historia, pues se utiliza como sustituto del (natural) alimento y se convierte en mecanismo y símbolo de dominación de los mineros españoles sobre los pueblos indígenas, obligados al trabajo de la mina. Los mineros indígenas (tal vez sería más correcto, lingüísticamente hablando, decir los esclavos indígenas o mitayos) no recibían salario, a lo sumo hojas de coca para su manutención y sobrevivencia. Por tanto, el cultivo, tráfico y consumo de la hoja de coca tiene un triste y doble componente, forma parte de la economía colonial minera de dominación y se impone culturalmente como sustituto alimentario. Esto es, hojas de coca, que masticadas adormecen, en lugar de alimento, que fortalece. Hojas de coca por trabajo. 

Un párrafo de Sergio Almaraz para profundizar la tristeza: “La minería ha destruido más que la guerra. De hecho, es una guerra que viene durando siglos. La ceguera de este holocausto no admite estadísticas que den idea de la devastación, sólo sabemos que éste es un país aniquilado. Nadie podrá decir hasta dónde llega el empobrecimiento biológico de los bolivianos, la mortalidad infantil y la propagación de la tuberculosis. Estamos ciertos de una cosa: los bolivianos no acabamos de morir”. (Réquiem para una República, págs. 67-68). 

Por otra parte, voceros gubernamentales, parlamentarios y movimientos sociales (básicamente rurales) defienden el masticado de hojas de coca como una saludable costumbre ancestral. 

Casi dos siglos después de roto el dominio colonial, una profunda reforma a la Constitución Política del Estado (Nacional) sostiene que: “El Estado (Plurinacional) protege a la coca originaria y ancestral como patrimonio cultural, recurso natural renovable de la biodiversidad de Bolivia, y como factor de cohesión social…”. No es todo. También afirma que la hoja de coca “…en su estado natural no es estupefaciente”. (artículo 384º; CPE). Que es equiparable a decir que la caña de azúcar, de donde se obtiene el embriagante ron, en su estado natural no emborracha. 

Carlos Marx llamaría a la aceptación y legitimación de la hoja de coca por parte de los dominados, curiosa alienación, pues terminamos aceptando con orgullo el símbolo de la explotación. 

Una encuesta realizada por Ipsos Apoyo en el mes de febrero de 2011, ante la pregunta: “¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con el pedido para despenalizar el consumo tradicional de la hoja de coca que planteó Bolivia frente a la ONU?”, el 55 por ciento de los entrevistados responde que está en desacuerdo. Sólo el 33 por ciento de los entrevistados responde que está de acuerdo. 

En consecuencia, el Gobierno se halla defendiendo el acullico contra la opinión mayoritaria de los ciudadanos, de la historia, y a favor de los nuevos propietarios de la tierra, del cultivo y tráfico de la hoja de coca. 

ccordero@estudiosdemocraticos.net