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jueves, 23 de diciembre de 2010


La lengua injuria y humilla a los ciudadanos

Mauricio Aira

Me había propuesto que las 650 palabras que generosamente me concede Los Tiempos una vez cada quince días estén dedicadas a expresar parabienes a los lectores en ocasión de Nochebuena, llamada así porque a la Humanidad le nació el Redentor del seno de una Virgen que “concibió por obra del Espíritu Santo” hace 2010 años en una aldea del todavía pequeño y olvidado pueblo de Belén adonde José se trasladó para ser censado. Muy a mi pesar tengo que ocuparme de otro tema, menos grato, menos agradable.

Se trata del gran número de adjetivos despectivos que el Presidente Morales les ha dedicado a sus opositores de hoy que eran sus apoyos hasta ayer. Tenemos que protestar amparados en nuestra condición de ciudadanos por la actitud y el lenguaje del Jefe del Estado. No es aceptable, no es correcto que prevalido de su condición pronuncie denuestos insultantes y de tal vileza que los humilla y denigra ante el resto de los habitantes. “Defiéndanse como me defendí –solito- de las acusaciones que me formularon cuando era opositor. Porqué tienen miedo, cobardes, porqué huyen. Defiéndanse” y por ese estilo una y otra vez como dando respuesta a la ola de persecusiones, acusaciones, arrestos y juicios que ha incoado contra cientos de bolivianos.

Para empezar sus insultos no están a la altura de la dignidad que reviste. Que desde siempre se hubiera convertido en el acusador, gran parte de las veces sin tener prueba alguna, de los diplomáticos, dirigentes cívicos, empresariales, intelectuales, eclesiásticos, de otros originarios a quienes ha puesto el mote de “buscapegas” con lo que los tiene arrinconados especialmente a las organizaciones del departamento de La Paz. Nadie se libra de su lengua viperina, a cuyo propósito viene al pelo la fábula de Esopo sobre la mejor y la peor comida del mundo.

Relata que el rico mercader que era su amo le arrojó un puñado de monedas “corre al mercado y compra los ingredientes para la mejor comida del mundo!” Esopo regresó de la compra y colocó sobre la mesa un plato cubierto de fina paño. El mercader descubrió su contenido “lengua” y se deshizo el esclavo en exaltar las cualidades de la lengua que nos une a todos cuando hablamos sin ella no podríamos entendernos, es la llave, el órgano de la verdad y la razón. Gracias a ella se construyen ciudades, expresamos nuestro amor. Es el órgano del cariño, la ternura, el amor y la comprensión.

Continuó Esopo “es la lengua que torna eternos los versos del poeta y las ideas de grandes escritores” con ella se ensena, se persuade, se instruye, se reza, se explica, se canta, se describe, se elogia, se demuestra se afirma. Con la lengua decimos madre y querida y Dios. Decimos sí y decimos “te amo”. Muy bien Esopo aplaudió el mercader, “toma este saco de monedas y trae lo que haya de peor y pronto. Repitió el esclavo la compra, volvió la presentó al amo cubierta de un paño que éste descubrió y quedó indignado: ¿“Cómo que otra vez lengua?”

La lengua, señor, replicó Esopo es lo peor que hay en el mundo. Es la fuente de todas las intrigas, el inicio de todos los procesos, la madre de todas las discusiones. Es la lengua que separa a la humanidad, divide a los pueblos, que usan los mandatarios cuando quieren engañar con sus falsas promesas. Es el órgano de la mentira, de la discordia, de los malos entendidos, de las guerras, es la que miente, la que esconde, que engaña, que explota, que blasfema, que insulta, que mendiga, que provoca, que destruye, que calumnia, que vende, que seduce, que corrompe. Con la lengua decimos muere, canalla, demonio, cobarde, decimos “no” y “te odio”. Terminó Esopo el esclavo sabio y anciano. No será difícil para nuestros lectores descubrir cuál de ellas responde al mandatario que injuria y ultraja a los ciudadanos.