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domingo, 30 de agosto de 2009

nunca tan acertado como ahora, Cayo Salinas analiza la pre-elección

Para la consolidación del comunismo en Bolivia, en su expresión eufemística del socialismo del siglo XXI, es imperativo que Evo triunfe el 6 de diciembre con porcentajes que superen el 60% y con el margen que le permita controlar el Órgano Legislativo Plurinacional.

Con ello, habrá garantizado una hegemonía en términos de poder, (posición nada envidiable para quienes “ideologizan” una forma de hacer política al estilo “stalinista”), donde con seguridad dicho Órgano será totalmente dependiente de Palacio de Gobierno, el Electoral sumido en sus propias limitaciones y, por ende, coartado como verdadero Poder del Estado y el Judicial, aniquilado por motivaciones de orden político y cercenado desde lo más hondo hasta que llegue el momento de volver a las urnas para votar por quienes optarán por cargos en la CSJ y en el TC, mecanismo adoptado en la NCPE para garantizar la total dependencia de la justicia ordinaria y constitucional al gobierno de turno.

De ahí entonces la importancia de diciembre, tanto en Bolivia como en Venezuela, porque Chávez, con seguridad, está jugándose su futuro como mandamás de la región. Geopolíticamente más, ni duda cabe, y con acuerdo EEUU-Colombia incluido en la mesa de análisis. Por eso es que si Evo pierde y si ocurre lo que presumiblemente se piensa acontecerá en Chile, Brasil y Argentina, no habrá margen a que el Coronel consolide el proyecto hegemónico urdido bajo la manipulación de los postulados de Bolívar. Y para muestra, Honduras, así de claro.


Frente a semejante reto, las posibilidades de fracaso deben minimizarse hasta el punto que no exista margen que dé lugar a poner en tela de juicio la continuidad del MAS en el poder, pero ya no bajo las características de estos últimos años. El desgaste natural y el resultado de las gestiones que se han ejecutado para aniquilar voces de disenso, han afectado la imagen presidencial particularmente en sectores de clase media. Por eso la lucha, en una primera instancia, por el padrón electoral antiguo. Plagado de irregularidades, de identidades clonadas, de gentes fallecidas que aparecieron a la hora del voto, en fin, luego del “pescotis” al “modus operandi” que infló el padrón, los muchachos del MAS planearon corporativamente su vigencia para la elección de diciembre utilizando como argumento la “supuesta” inexistencia de condiciones materiales mínimas para optar por el biométrico.
Como aconteció en muy poca de las luchas legislativas, en esa pelea no les fue bien. El sentir de la ciudadanía era elocuente y ante ello, Evo no podía fallar. No se olviden que las figuras políticas que se erigen en torno a caudillismos que entronizan rostros, figuras, formas de vestir, poses, orígenes, etc, no pueden darse el lujo de ver diezmada la popularidad de quien representa el icono mediático que garantiza la conservación del poder.


Fue por eso que el biométrico dio vida a una tenue esperanza que quizá permita que los bolivianos concurran a las urnas con un padrón saneado y que el resultado de la justa establezca la cantidad de quienes están legalmente habilitados para sufragar y cuál el nivel de apoyo que tienen los candidatos. Fatal para los que están acostumbrados a hacer trampa. Sin ella y sin margen de maniobra para torcer resultados, es la voz del soberano la que se constituye en el único veredicto.
En situaciones normales, cualquier demócrata y cultor del respeto de la ley y las libertades constitucionales de las personas, estaría satisfecho. En situaciones como la actual, evidentemente no. Por eso es que el populismo rechaza cualquier forma de transparentar el voto porque con él, difícilmente sus cultores acceden al poder. Entonces, con cabos sueltos y a pesar de que las encuestas colocan a Evo como el gran favorito, bien vale la pena cambiar la estrategia. Y ésta pasa por adoptar la modalidad del padrón mixto, instruyendo a los “movimientos sociales” a que empañen el trabajo de las Cortes e impongan una cifra que no salió del azar: 4 millones de electores.


La estrategia es sencilla. Saben que ese guarismo es irreal, por eso lo plantean, para cuestionar luego el que oficialmente se conozca con el biométrico y así, exigir uno mixto a título que las Cortes no pudieron empadronar eficazmente. También por eso, y de un día a otro, Evo “decidió” que quiere cuando menos un padrón con esa cifra, en la lógica, lo veo así, de encubrir la que arroje el biométrico una vez se depuren a los fantasmas.


Dicho y hecho. Con ese discurso, tratarán de que se habilite el padrón mixto y manejarán la hipótesis de que nunca hubo fraude porque la CNE fracasó en el empadronamiento al no alcanzar la meta que Evo esperaba. Bajo esa premisa, la maquinaria publicitaria está trabajando arduamente. Desde el oficialismo ya hablan de que existen “algunas denuncias” respecto al trabajo de la Corte y poca agilidad en el registro, cuando sabemos que la tarea que se le ha asignado es titánica y que en mitad de faena, mal haríamos en cuestionar lo que hacen. Ahora sólo depende de la CNE y de la moral y entereza de sus personeros, porque de lo contrario, la suerte estará echada.