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domingo, 17 de mayo de 2009


una extensa entrevista al ahora ministro exiliado en Lima, Jorge Torres Obleas nos ha ofrecido el diario oriental El Deber. la crónica refiere un primer exilio del personaje, cuando acompañando a su padre, quién fuera Presidente de Bolivia J.J. Torres tuvo que salir al exilio echado por Hugo Bánzer tras el cruento golpe de Estado que encabezó en 1971. La nota tiene vital interés:



Tuffí Aré Vázquez tare@eldeber.com.bo
Hay algo de paralelismo en la vida de Jorge Torres Obleas y la de su padre, el ex mandatario Juan José Torres. El ex presidente se vio obligado en 1971 a buscar refugio político en Perú, por la persecución de la dictadura de Hugo Banzer Suárez. Su hijo, Jorge, tuvo que solicitar recientemente asilo político al gobierno del mismo país, ante la posibilidad de su detención en el marco del juicio que le siguen por los sucesos de octubre de 2003.
El jueves pasado, el ex ministro de Desarrollo Económico aceptó hablar con EL DEBER en el parque Yitzhak Rabin, ubicado en la costa limeña de la residencial zona de Miraflores.-¿Es una paradoja que las acciones de un gobierno de izquierda, como el de Evo Morales, provoquen el asilo político de un hombre de izquierda?
-Nunca hubiera pensado que en un proceso que intenta llevar adelante cambios sociales para el país, una persona de mi trayectoria, que siempre se identificó con los sectores sociales más desprotegidos y que se enfrentó abiertamente con una base conceptual muy sólida a la capitalización, esté ahora en esta situación. Obviamente es un contrasentido.-¿Por qué eligió Perú para el asilo político? -Porque he tenido mucha relación con Perú. La mayor de mis hijas, que tiene ahora 28 años, ha vivido, se ha formado y trabajado mucho tiempo aquí. También por la tradición que tiene Perú de respeto a los derechos humanos y, sobre todo, a los convenios internacionales, como el que reconoce el asilo político, que es una figura muy latinoamericana.
-¿Cómo ha sido su vida después de octubre de 2003?-Después de octubre una de mis preocupaciones permanentes fue atender el juicio. He tenido que contratar abogados en La Paz, en Sucre, viajar y erogar una gran cantidad de gastos, pero también he continuado con la cátedra de varias materias, con tesis y proyectos de grado en la Universidad de San Andrés. Mis ingresos este tiempo fueron generados por la actividad académica y profesional, con consultorías para organismos internacionales y para el sector privado. Nunca he sido empresario, sino una persona con vocación de servicio. Cuando uno tiene al menos un patrimonio base como una vivienda y un vehículo, sólo necesita generar el ingreso para el gasto corriente. Además, mi esposa ha estado trabajando este tiempo como abogada. Somos una familia de clase media. Tuve ofertas para trabajar fuera de Bolivia, pero no acepté porque tenía que atender el juicio y no podía ausentarme del país, porque tenía que firmar el libro de la Fiscalía. No pude estar siquiera en la graduación del MBE de mi hija en Columbia.
-¿Quiénes lo han defendido y cuánto le ha costado el proceso?-En un primer momento tuve mucho apoyo de abogados amigos, pero cuando el juicio avanzaba y se complicó contraté los servicios de un bufete, a la cabeza de Alberto Morales, uno de los penalistas más destacados de Bolivia. Acordamos que le iba a pagar según mis posibilidades. En todo este tiempo no debo haberle pagado ni $us 10.000. Él ha dicho que estará el lunes 18 de mayo en Sucre para acreditar mi situación de asilado y demostrar que tengo un impedimento para estar, porque la ley del asilo impide que una persona retorne a su país. En estas circunstancias se debe producir la suspensión del proceso para mi porque no estoy desaparecido.
-¿Su partido, el MIR, lo abandonó en este proceso?-En los sucesos de octubre hubo una predefinición. Si no se daba una salida política y pacífica, el MIR iba a dejar el Gobierno el 12 ó 13 de octubre, pero no se dio. Hubo parlamentarios que se solidarizaron conmigo cuando renuncié, pero el MIR siguió en el Gobierno. Por eso después me distancié del partido. Además, el MIR poco a poco fue muriendo por inanición. En un juicio como el de ahora en Bolivia, que tiene una lógica de vencedores y perdedores, el que gana, gana todo, y el que pierde debe perder todo, sin distinguir matices, participaciones y responsabilidades.
-¿Está arrepentido de haber estado en el Gobierno de Goni?-No, porque en su momento fue una decisión acertada. El país vivía una situación muy difícil, con un febrero que marcó mucho, porque había el riesgo de que caigan las instituciones y que la turba comience a gobernar. En un principio no estuve de acuerdo con que el MIR apoye al MNR y por eso no ingresé al gobierno, pero lo hice en febrero de 2003 porque Bolivia necesitaba su mejor gente o la que pudiera aportar. En ese momento Goni había dicho que el MNR era la tesis y el MIR la antítesis, siendo necesario construir una síntesis con exponentes de más peso, no sólo con madurez política, sino con idoneidad profesional.
-Los ex ministros asilados son vistos como que se fugaron del país. ¿Usted volverá algún día a defender su inocencia?-Por supuesto. He estado cinco años, o sea más de una décima parte de mi vida, defendiéndome y demostrando mi inocencia, en un proceso plagado de vicios e irregularidades y en el que había violaciones a mis derechos. He presentado dos recursos constitucionales que han quedado paralizados porque no hay Tribunal Constitucional. Todo el sistema jurídico nacional está colapsado y no hay las mínimas condiciones para un juicio debido. Tengo los memoriales en los que emplazo a la Fiscalía ir a la Corte Penal Internacional, ya que ellos mismos se han descalificado.
-¿Su retorno a Bolivia está supeditado al fin del mandato de Evo Morales?-No, está supeditado a que se generen las condiciones para un debido proceso y, más que todo, que se dilucide en la Corte Penal Internacional. Si llega allí, estarán todos los actores y estoy seguro que mi caso se dilucidaría en la primerísima de las etapas, pues no hay argumento para que esté involucrado y eso lo saben los del actual oficialismo. Ninguno de los entonces diputados del MAS, incluyendo el presidente Morales, me incluyeron en sus proposiciones acusatorias. Yo estoy acusado por una abogada que trabajaba para un bufete que defendía al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, o sea que no me acusó el MAS. La Comisión de Constitución no había pedido que entren todos los ex ministros. No estoy acusado por genocidio. Me han puesto como cómplice de un homicidio y de lesiones graves y gravísimas y no debería estar con ninguna de esas tipificaciones.