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lunes, 2 de febrero de 2009

si se trata de pluralidad e independencia de los estados tenemos el ejemplo de Suiza, nos recuerda Centa Reck cuando describe cómo se puede convivir e ir adelante

De pulpos y tentáculos

El pulpo y sus tentáculos rodeando un cuerpo central es una buena metáfora para recrear la imagen de los Estados que pretenden concentrar todo el poder y la economía, llegando al límite extremo de especializarse también a concentrar todos los mecanismos de corrupción.
Desgraciadamente Bolivia se está convirtiendo en un Estado pulpo. Teniendo la gran oportunidad de haber accedido a una Asamblea Constituyente, el Ejecutivo concentró el proceso, se adueñó, lo manejo e impuso un texto que salió con la mejor caligrafía y expresión del Estado pulpo, que en vez de transformarse se trastorna, se metamorfosea en un aparato que incrementa sus características de cuerpo central y robustece sus ocho tentáculos transformándolos en treinta y seis para cumplir de manera más efectiva su cometido de cazar y engullir todos los peces y crustáceos que tiene dentro de su radio de acción.
La constituyente fue un proceso pulpo y por ende la constitución es también un texto pulpo, porque tal como actúa este invertebrado supo camuflarse en el lugar en el que necesitaba hacerlo, prueba de ello es que en cuestión de un breve tiempo pasó de originaria y plenipotenciaria a transar en el Congreso, cambió su Ley Marco después de un pacto de alargue concedido por los parlamentarios opositores, le dio algunas vueltitas al texto y llegó a una elección que se sabe que no fue para nada transparente y que ha obtenido una escuálida ganancia electoral haciendo uso de un padrón fraudulento, de células duplicadas y de tinta que no era indeleble, para permitir votar dos o tres veces a sus correligionarios.
Según los pescadores que conocen a los pulpos, se dice que estos cambian de color en breves segundos, que son capaces de entrar o salir de cualquier agujero teniendo un espacio tan reducido que apenas es del grosor de una de sus patas, ellos se aplanan y pasan sin problemas de una manera inexplicable. ¿No es acaso esto lo que hemos visto en la actual práctica política en la que se pudo hacer alargue, se cambiaron las reglas, se pactó con los que menos se esperaba, se llegó a la violencia cuando fue necesario y se pusieron algunos cuantos muertos cuando también los necesitaron para lograr pasar y salir del hueco de la botella en la que se encontraban entrampados?
Los pulpos también son capaces de dejarse arrancar un tentáculo antes que correr el peligro de ser pescados, porque saben que el tentáculo les volverá a crecer, y esto está ocurriendo actualmente y ya ha ocurrido también antes, pero sin duda el caso de Santos Ramírez es un caso emblemático en este sentido, porque al Gobierno con dolor y todo por el hecho de perder un tentáculo, no le ha quedado otra que cortárselo apresuradamente, una decisión de emergencia pero que ha sido hecha siendo consciente de que no lo perderá para siempre, porque este tentáculo le volverá a crecer, se extenderá de nuevo y todo volverá a la naturalidad, es sólo cuestión de tiempo y paciencia y para nada significa una pérdida definitiva.
Según los expertos, los pulpos tienen también otras cualidades, se agarran a cualquier saliente o roca antes de ser sacados a la superficie. Por esta característica muchas veces es imposible poder sacarlos del agua, porque nunca se dan por vencidos y resisten hasta las últimas consecuencias a los ataques que reciben.
Sin duda y por todas las características antes expuestas podemos colegir que la nueva constitución no ha hecho otra cosa que reproducir una versión más sólida, más primitiva y monstruosa del cuerpo central y los ocho tentáculos, ahora casi quintuplicados en 36, que el cuerpo central accionará para alimentar al cuerpo amorfo.
El pulpo constitucional será bautizado el próximo 7 de septiembre, con bombos y platillos seguramente, y además sabemos que esta versión cavernícola y de las profundidades de los océanos viene con todas las cargas genéticas y los códigos para que todo lo que exija un cambio sea automáticamente engullido como “traición a la patria”, o como “sedición”.
Un amigo lector que me ha escrito desde Suiza, planteaba: “Los bolivianos estamos conscientes de la necesidad de un nuevo modelo de Estado que nos permita una convivencia pacífica. No necesitamos descubrir la pólvora. Tenemos ante el mundo el modelo de Suiza, un país pluricultural con estados independientes, que tienen una capital y una sede de gobierno rotativa. Cada estado de la Confederación Helvética tiene una constitución a su medida. Hablan diferentes idiomas en diferentes regiones y son todos poliglotas para entenderse, conservan sus tradiciones y culturas según sus pueblos y regiones, son Estados Independientes cada uno y hasta ahora se han mantenido unidos en la Confederación que conforman. Tienen gobiernos federales independientes y entre todos conforman el gobierno nacional. Es una verdadera democracia donde el gobierno nacional Confederado se sostiene en los gobiernos federales y no impone sino armoniza y cumple el mandato de los estados para con los otros países y gobiernos. Tienen una población similar a la de Bolivia. ¿Qué más podemos pedir si tenemos al alcance un modelo para copiar?
Un modelo reconocido en el mundo como uno de los pocos o tal vez el único que se ha mantenido al compás del avance de los tiempos manteniendo sus culturas ancestrales. El hablar de Estados Federales y más aún si estos son Independientes no significa resquebrajamiento, nueve Estados Federales para una Bolivia pluricultural no significaría ninguna ruptura sino una unión civilizada. Una capital que es Sucre y una sede de gobierno rotativa ayudaría a terminar con las peleas por la misma. En fin hay mucho por aprender de este pequeño y gran país”, me escribe el amigo radicado en Suiza.
En las condiciones en que nos encontramos recreando una versión monstruosa del Estado pulpo, sabemos que esto no sólo es una involución, sino que también reviste un gran peligro de romper el eje del equilibrio, puesto que esto ocurre irremediablemente con todo lo que es primitivo, caníbal y encima extemporáneo. El Estado pulpo también tiene como consecuencia un hambre de corrupción pulpo y destruye todo lo encuentra a su paso.
La pregunta y el cuestionamiento es para la dirigencia de los departamentos que han rechazado con su votación el texto constitución, habiéndolo hecho precisamente porque no se sienten representados y porque se cansaron de ser los tentáculos del pulpo. ¿Por qué tanta pasividad, tanta tolerancia, porqué tan pocas y siempre frágiles iniciativas, porque se sigue dejando que el pulpo tenga en su pecera un prefecto, cívicos y dirigentes autonomístas, sin emitir una decidida protesta.
Es terriblemente irresponsable y peligroso seguir cebando al pulpo y admitiendo el papel de quedar en simples tentáculos.