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jueves, 5 de febrero de 2009

algo pesimista luce Dante Pino porque las autonomías están siendo avasalladas y no están reaccionando ante la presión masista en la medida en que se juegan su futuro.

Casi como si nada, desde el resultado electoral del 25 pasado, se ha venido desarrollando un proceso de convencimiento social sobre la inevitabilidad eleccionaria. No hay Pacto Social, pero igual se habla de elecciones. Esta manera dual de pensar de una forma y hacer lo contrario, es lo que ha caracterizado al “alto-peruanismo” y se ha conocido como la política de las dos caras. La conveniencia política antes que la defensa de los principios. Y así vamos de tumbo en tumbo.
En el pasado esa “conveniencia política” convenció al ex Presidente Rodríguez Veltzé de emitir un Decreto Supremo en reemplazo de la ley y al ex Presidente Carlos Mesa de hacer lo mismo, para nombrar fiscales, Ministros de la Corte Suprema y dictar una amnistía a los que delinquieron en octubre de 2003 y me refiero al señor Evo Morales y muchos otros que hoy día son considerados “héroes del octubre”
La conveniencia política dictó el recorte de mandato del Parlamento el año 2005, los acuerdos en esta gestión parlamentaria para desconocer los dos tercios de voto en la Asamblea Constituyente, la ampliación de su mandato, el reconocimiento jurídico implícito de los hechos de sangre en Sucre, del revés a sus aspiraciones para que se revise la capitalidad, el desconocimiento de la pregunta y voto posterior que aprobaba el referéndum autonómico, el pacto vergonzante entre el MAS y PODEMOS para aprobar el referéndum revocatorio y el contenido ilegal de la constitución que ahora se quiere imponer.
Es decir la “conveniencia política” se coloca por encima de la ley cuantas veces sea necesario y se establecen pactos políticos que la reemplazan. Luego nos admiramos de los resultados de esta manera de hacer política. Las instituciones pierden autoridad, la desagregación social se expande y la desagregación nacional se acrecienta. Pero para la capa política no hay mejor cosa que asumir pose de “convenienciero” y con ella desgranar un discurso enredado y mal oliente.
Y la red que genera es tan poderosa que caemos todos. Es una trampa que la miramos pero no le tememos y al caer presos en sus fauces nos lamentamos. El tema electoral que ahora se va aceptando como un hecho, es el reconocimiento implícito de la derrota del NO.
Hay quienes creen que esta derrota es solo temporal, porque sueñan con ganar esas elecciones y acabar con el actual estado de cosas. En este afán por convencerse y convencer a los demás que hay “que luchar” para derrotar al MAS ahora nos dicen que las autonomías deberán seguir caminando y fortaleciéndose a medida que pasen los meses y se acerquen las elecciones.
Como están conceptualizadas y descritas en la constitución masista las autonomías, ya pueden los que piensan de ese modo ir asumiendo que solo tendrán como autonomía rimbombantes declaraciones y discursos que el gobierno actual y futuro de Evo Morales se encargará de atrofiarlas.
Y es que para Morales el centralismo es cuestión de vida o muerte política. Su idea del Estado es su propia imagen. Sólo él tiene que “hacer obras” para alimentar la idea en el pueblo de que sólo con él podemos hacer algo. Y nunca aceptará que sea de otra manera. Se emula en Chávez y se siente capaz de hacer las mismas barbaridades jurídicas que hace en Venezuela, de tomar las mismas actitudes políticas de su “comandante” y de asumir que en Bolivia Evo Morales es el alfa y omega de su historia.
Cohibidos como parecen que están en la media luna, las voces electorales se elevan y quieren hacernos creer que todo estará bien. Renuncian a la fuerza social que les dio el voto por el NO y se convierten en dóciles caballitos del Capitán General Evo Morales y le siguen la corriente. Serán derrotados no cabe duda y con ellos todos los que confiamos en su capacidad de reacción. Es una pena que esté ocurriendo esto, por la vida misma de la república. Y que los que se sienten líderes nacionales no ténganla fortaleza y ánimo para enfrentar al gobierno que no tiene ni le importa la ley y los acuerdos que hace y hará con ellos.