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miércoles, 25 de febrero de 2009

Los Tiempos nos recuerda lo sucedido en Epizana, escenario de un horrendo crimen cometido contra tres policías, que fueron torturados y asesinados por una masa enloquecida. Epizana se devela como un punto clave del narcotráfico donde se incautó casi cien kilos de cocaína. todavía no se ha iniciado el juicio y la mayoría de los aprehendidos han sido liberados previo pago de dinero como garantía que la burocracia judicial guarda en custodia.

Redacción central
Epizana. Oscuridad. Calles vacías, tiendas cerradas y quietud. Es 25 de febrero de 2008 por la noche y una pelea rompe la calma. A pocos metros del retén, hay tres policías en una trifulca con Zenón Soria, transportista y hermano del corregidor. Así se comenzaba a escribir el triple linchamiento de policías que extorsionaban a presuntos traficantes de droga.
Las ejecuciones revelaron que Epizana es una veta del narcotráfico. Los cocales de Yungas de Vandiola, cercanos al lugar, son una fuente inagotable de materia prima. Varios traficantes han caído con grandes cargamentos. A fines de 2008 la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) se incautó de 74 kilos de droga. En 2009, se secuestraron más de 100 kilogramos.
Hay coca barata. La producción de Yungas de Vandiola se remata a la mitad del precio comercial. Un taque se cotiza hasta en 900 bolivianos, pero en la zona se vende en menos. Los tres policías tuvieron que morir para que Epizana sea reconocida como una de las principales rutas del narcotráfico.
Se barajaron varias hipótesis sobre las razones que empujaron a la turba a matar a los uniformados. Con el tiempo y las frecuentes incautaciones cobró fuerza la versión de que los policías dieron a elegir a traficantes sorprendidos entre el “volteo” de 15 kilos de droga o el pago de 1.300 dólares, según relatos de policías que conocían de las operaciones clandestinas de las víctimas y que aseguran que no era el único grupo o “patrulla” que ejecutaba estos golpes.
Un año después, ésa sigue siendo la única respuesta para la muerte de los policías, aunque la versión oficial se apega a la denuncia de extorsión. No habla de narcotráfico. El único testigo de la trifulca, el cabo Martín Mamani, de la Policía Caminera, contó: “a las 21:30 arribó al retén, un vehículo blanco 1294-RRU, conducido por el policía Eloy Yupanqui, acompañado por sus camaradas Willy Álvarez y Wálter Ávila, indicando que iban a trabajar, pero no portan orden o memorando de destino al retén”.
¿Qué motivó la extorsión? A eso de las 22:00 del 25 el cabo Mamani vio la pelea y al transportista tendido en el suelo. “Arribó a la tranca un vehículo de servicio público, cuando los policías procedieron con el control a los 30 metros de la tranca, mi persona vio a uno de los pasajeros en el suelo, me constituí, donde se agredieron ambas partes, donde quedaron heridos dos ocupantes (los presuntos extorsionados). Ambos fueron auxiliados en un vehículo particular al hospital de Totora, acompañados por Wálter Ávila y Willi Álvarez”, según el informe que el cabo envió al comandante de la Policía, José Copa.
El corregidor de central de Pocona, cercana a Epizana, Pedro Villarroel, señalado como uno de los instigadores, declaró a los pocos días en asamblea: “Estamos cansados de ser extorsionados por todo y nada. No hay justicia para nosotros cuando se trata de reclamar”.
La pelea selló la suerte de los policías. Al volver del hospital se encontraron con una turba, que irrumpió violentamente en las oficinas del retén y tomó como rehenes a los tres efectivos. El arribo de 18 policías antimotines no aplacó sus ánimos.
La turba, que ya tenía cautivos a los efectivos en la casa comunal, hostigó al grupo de rescate con un cerco de autos. Tras el repliegue del equipo antidisturbios, los más feroces de la turba sacaron a golpes a las víctimas, obligándolas a descender del segundo piso por un tubo de antena. Bastaron unos instantes y la barbarie dio fin a la vida de los policías.
21 IRÁN A JUICIO
Cuando faltan apenas unos días para que se cumpla un año del triple linchamiento de policías en Epizana, el juicio contra los implicados se estanca y está ensombrecido por denuncias de corrupción contra el fiscal, que dirige el proceso.
Se estima que 21 de los 57 sospechosos serán imputados y deberán comparecer en un juicio oral este año. Sin embargo, sólo 10 de los implicados están detenidos y corre la versión de que tres de quienes tienen medidas sustitutivas se han dado a la fuga.
Entre los implicados y señalados por varios testigos como instigadores de la golpiza, quemaduras y estrangulamiento están dirigentes de las comunidades próximas a Epizana. También fue identificado el presidente del Comité Cívico de Totora, Benigno Rodríguez.
LAS VÍCTIMAS: POLICÍAS CON CÚMULO DE PROCESOS
Willi A. Álvarez Cuevas
Tenía 33 años, más de 10 de ellos dentro de la Policía Nacional y llegó al grado de sargento segundo.
Era padre de siete niños. Uno de sus proyectos de vida era comprarse una casa.
Murió linchado en Epizana, víctima de una brutal golpiza en la que perdió parte de su dentadura.
Entre sus antecedentes, fue procesado en cinco ocasiones por amenazas, agresiones, faltas al servicio, familiaridad con antisociales y faltas a un superior.
Walter C. Ávila FernÁndez
Era cabo de la Policía, tenía 29 años, llevaba más de cinco años en la institución y contaba con una joven familia.
Uno de sus proyectos inmediatos era casarse el sábado siguiente al asunto de Epizana con la madre de su hija de cinco meses.
La pareja era una muchacha universitaria que se despidió de él antes de que partiese a Epizana.
El efectivo murió asfixiado. Fue dado de baja en 1999 por deserción, pero volvió a la Policía.
Eloy V. Yupanqui Flores
Nació en La Paz. Tenía 29 años, venía de una familia numerosa terminó su carrera policial y llevaba más de ocho años en la Policía.
A diferencia de sus cuatro hermanos se mantenía soltero para ayudar a su madre y, según ella, siempre se mostró como un hijo ejemplar.Murió asfixiado en el linchamiento de Epizana.
En sus antecedentes figuran dos procesos disciplinarios por faltas al reglamento y por beber en recintos policiales.

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