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sábado, 3 de enero de 2009

los cubanos que llegan como enfermeros o médicos recién egresados encuentran comida en abundancia, libertad de movimiento, fraternidad y afecto. están encantados y no desean regresar a su isla, según nos lo cuenta dante pino en ésta crónica a propo de los 50 años de la revolución de fidel y la llegada de "los barbudos" de la sierra maestra.

Un rasgo común que tienen los regímenes dictatoriales es el de no aceptar que sus políticas y gestiones administrativas hayan tenido errores. ¡Inaudito! Nunca se equivocan. Son la luz de sus pueblos, el faro que los guía siempre al puerto seguro. Y cada año, cuando evalúan sus resultados, tienen expresiones de mutua felicitación entre todos los que precisamente fueron parte de esas políticas. Los burros festejando.
En Cuba festejaron la revolución. 50 años. Y el señor Castro (heredero) les pidió a los cubanos que no se dejen hipnotizar por los norteamericanos. ¿Habrá algún norteamericano que desee encandilar a un cubanito? ¿O será que los Castro son los que tienen, embaucados, seducidos, engañados y encandilados? Y siguen hablando de Sierra Maestra, de la “lucha”, del ingreso triunfal de Castro, de la invasión imperialista en un recuento sin fin de la historia pero no pueden decirle a su pueblo nada de su presente y del futuro que les espera.
Es que el presente es un salario cubano de 20 dólares mensuales, una suma equivalente al quintil más pobre de Bolivia. Un desarrollo estancando en los años 60 y una ausencia total de libertad para opinar y tolerar un mínimo de oposición democrática. Lo único que hizo Castro fue repartir el hambre y la miseria por igual para todos los que no medran del Poder.
Eso podemos evidenciar nosotros en Bolivia, pues los cubanos que llegan aún sabiendo que no somos un país desarrollado, sienten que viven mil veces mejor que en la isla. Pueden adquirir comida en el mercado con variedad y todo lo que deseen. Pueden tener un quintal de azúcar y no tienen que estar racionados para hacerse un refresco, pueden ir de compras para adquirir ropa y vestir decentemente, pueden entretenerse como quieran y tienen conocimiento de lo que pasa en el mundo. A los pocos meses no quieren irse y buscan matrimonio. Por eso su Embajada los controla y les envía de regreso a la menor sospecha que tienen.
Al igual que los Castro el Presidente Morales convocó a sus muchachos a “evaluar” su gestión. Y ahí les vimos las caras a los alumnos sentaditos, con papel y bolígrafo en la mano mientras el hermano Presidente hablaba y hablaba y hablaba hasta que sentían su cabeza a punto de explotar. No dijo nada. Pero mostraba tanta seguridad en lo bien que lo hizo, que nadie podía replicarle a riesgo de dejar el paraíso palaciego.
A momentos para entenderlo hay que hacer un esfuerzo de traducción permanente; por ejemplo, cuando dice “saludamos” quiere decir que está de acuerdo o que le ha gustado la cosa; cuando dice “lamento” es diferente, no está de acuerdo u opina diferente; cuando dice “no se puede entender” quiere decir que la lógica y la objetividad no caben en su estrecha mente; cuando dice “siento” en realidad nos dice entiendo y así el que desee comprender sus monólogos sepa lo indescifrable que puede resultar el asunto.
Con esta aclaración, todo lo que sacamos en conclusión es que ha “saludado” los bonos, el dinero venezolano, el futbol, los viajes que hace, la cárcel de Leopoldo, el contrabando de Quintana y la seguridad de que los Comandantes de las Fuerzas Armadas no tienen opinión ni boca para decir nada. Que “lamenta” la libertad de Branco Marincovic, como la ausencia de Manfred quien le daba tantos pretextos para movilizar a sus cocaleros en Cochabamba. Que “no se puede entender” los ataques de los medios de comunicación a su excelente desempeño como Presidente.
Vaya nos quedamos con la sensación de que en Cuba como en Bolivia, las cosas siempre están bien y van mejor. Que los revolucionarios de ayer no están dispuestos a dejar el Poder con socialismo o sin él y que los revolucionarios de hoy quieren quedarse el mismo tiempo que los de ayer y en cualquier caso el pueblo debe bancarse la buena vida que tienen.