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lunes, 5 de enero de 2009

Josep M. Barnadas es uno de los más serios pensadores de Bolivia. Las luces que nos ofrece en éste artículo deberían inspirar a muchos para no tener la tentación de dar por bien hecho el chabacano texto de la ncpe, más al contrario deberían sepultarla para siempre jamás.


¿Constitución masista? NO, gracias
Moción previa: este artículo va destinado: a) a quienes no están a sueldo del Gobierno (es decir, a los que no viven del cuento, que siempre suelen ser bastantes más de los que parece); b) a quienes no acaben de saber todavía lo que deben votar en el próximo referendo constitucional; c) a quienes leen artículos de opinión (la inmensa minoría del censo electoral real y ninguno de los votantes inventados por el MAS; es decir, a cuatro gatos).
Los que suelen leer alguna página de opinión de la prensa del país supongo que a estas alturas no tienen dudas de que hay argumentos por demás para que en enero la ciudadanía entierre definitivamente el proyecto de Constitución del MAS; y así, de una vez, dejemos atrás la pesadilla.
Entre las razones que el país opinante ha venido esgrimiendo, hay aspectos puramente formales (como la larga serie de tretas dictatoriales del Gobierno mientras sesionó la constituyente de Sucre/Oruro). Y en mi opinión bastaría este tipo de razones para que alguien responsable marque “no” en la papeleta del referendo.
Otros, en cambio, leen el texto del proyecto y señalan una u otra chambonada (por ejemplo, las contradicciones entre diferentes pasajes del fatal proyecto aprobado en Oruro); o conceptos que se consagran en ese proyecto, como la desaparición de quienes se venían considerando “simples bolivianos”, que ahora se convertirían en los parias del nuevo estado del MAS; la opción por un concepto racial (¿racista?) de ciudadanía, con exclusión del concepto político; el nuevo concepto de “derecho de propiedad”, que sólo se garantiza a quienes puedan convencer al funcionario de turno del partido/gobierno de turno de que aquel patrimonio cumple la dichosa “función social” (ya sea un lote o una hacienda); el nuevo concepto de “justicia comunitaria”, con una duplicidad de normas aplicables; el control político sobre el Poder Judicial y el Poder Electoral (haciendo añicos el sagrado principio de la “división e independencia de poderes”); lo que podemos oler de alianzas “bolivarianas”; etc. Y aún hay quienes declaran que no les asustaría ningún artículo del proyecto masista si el partido que lo ha parido pudiera hacernos creer que se somete al cumplimiento a la ley. Etcétera.
Todo eso está muy bien. Y pienso que responde a peligros reales que están ciertamente en el texto del proyecto masista. Y en este mismo sentido, basta y sobra igualmente para que el ciudadano sepa cómo debe contestar a la pregunta que le está haciendo el Estado.
Pero pienso también que hay otro tipo de argumento de más fácil comprensión y para el que no hace falta haber leído el texto del proyecto de Constitución aprobado en Oruro (los que lo han leído son dos gatos y medio).
Esta otra guía dice aproximadamente así: si en enero aceptamos el proyecto de Constitución, el MAS le dará el mismo tipo de aplicación que desde enero de 2006 ha venido dando a la Constitución y leyes actualmente vigentes y a cuantas otras leyes que el mismo Gobierno ha logrado hacer aprobar en el Congreso; o a los innumerables decretos supremos que el presidente Evo Morales ha suscrito. En este sentido, muchos ciudadanos habrían agradecido que en el referendo se nos preguntara: “Ciudadano, ¿está usted de acuerdo en constitucionalizar el uso del poder que practica el MAS desde enero de 2006?”. ¿Y qué debemos entender por “uso del poder” que practica el MAS? Basta con recordar...
¿No se acuerda de la serie de delitos cometidos dentro de la Constituyente contra la Ley de Convocatoria y contra su propio Reglamento?
¿No se acuerda de los millones de dólares en cheques venezolanos con los que el presidente viene comprando y recompensando impunemente la obediencia de alcaldes simpatizantes, al margen de todo control presupuestario y de la Contraloría? ¿O serán regalos personales de Papá Noel? ¿Regalos personales de Venezuela a un ciudadano boliviano?
¿No se acuerda usted del “dulce” asesinato del Tribunal Constitucional?
¿No se acuerda de la tragicomedia en que se ha convertido la “nacionalización de los hidrocarburos”, sin que ahora mismo podamos conseguir la sacrosanta garrafa de GLP?¿No se acuerda de los incesantes insultos a nuestro cardenal Terrazas y a la Iglesia Católica? (hablo de la que fundó Cristo, no de la del “pueblo del ex prefecto Puente”).
¿No se acuerda de la mamarrachada en que se ha convertido la intransigente negativa masista de 2003 a cualquier trato económico con Chile mientras no se diera una solución a nuestro problema del Pacífico?¿No se acuerda de los saltos mortales que el MAS ha dado en el tema de las autonomías departamentales? (apropiándoselas para confundir y engañar, pero sólo después de haberlas inviabilizado con sus “autonomías indígenas”).
¿No se acuerda de la acción manipuladora, discriminatoria, racista, etnocida y polarizadora que viene practicando todo el aparato comunicativo gubernamental, desde “su” Canal 7 TVB y sus cadenas radiales? (“suyo”, pero con los impuestos que pagamos nosotros ¡Sólo un cojudo sería capaz de financiar a sus insultadores!).
¿No se acuerda del uso que el MAS hace de los “movimientos sociales” para sus fines partidarios? En Nicaragua los llamaban las “sagradas turbas”; en Cuba, los “ojos de la revolución” se llaman CDR (Comités de Defensa de la Revolución); y en Venezuela, claro, CDRB (Comités de Defensa de la Revolución Bolivariana). Varios nombres, pero una misma estrategia.
¿No se acuerda del criterio con que, desde el primer día de gobierno, los portavoces del MAS, del Presidente para abajo, van repartiendo a lo largo y ancho del país los descalificativos de “oligarcas”, “traidores”, “vendidos” e “imperialistas” a cuantos no les llevan el apunte? Su objetivo es claro: mantener engañado a quien les sigue creyendo y, de paso, sacarse de encima los opositores incómodos.
¿No se acuerda de que en Cuba a esos opositores los bautizaron más gráficamente como “gusanos”? Agradezcámosle al MAS que –por ahora– no nos degrada en la escala biológica.
¿No se acuerda de la doctrina –más bien, dogma sagrado– que practica el MAS de atacar a cuanto bicho viviente se atreve a abrir la boca, olvidándose de traer pruebas y, mejor todavía, de someterse al veredicto del Poder Judicial (si es que todavía queda algún juez)?
¿No se acuerda usted de la osadía del Gobierno (con la fraternal ayuda venezolana y el asesoramiento cubano, que de esto parece que entienden bastante) de manipular el padrón electoral después de haber manipulado y amedrentado a la Corte Electoral?
Conciudadano: ¿Quiere usted que este estilo de gobierno tenga respaldo constitucional y que, así, pueda prorrogarse indefinidamente? Usted tiene la palabra; pero ¿por qué esperar a que se derrame la leche para lamentarlo?