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miércoles, 6 de agosto de 2008

lo más grave que está sucediendo no es tan sólo la conducta y forma de ser del Presidente, sino la de incondicionales, adulones, oportunistas que le rodean y que no quieren ni pueden corregir la conducta doble, violenta, incongruente del que manda, quién ha olvidado lo que es la legalidad, la democracia, la fraternidad entre bolivianos y ha estimulado, inculcado, incitado al odio de unos a otros, con tal de mantenerse en el poder: (lea en Bolivia Primera Plana)

Viva Bolivia libre de Demagogos y Falsarios!!!

Sólo en un balcón
de Centa Reck en www.hoybolivia.com
Todo fue estudiado para supuestamente hacerle una cirugía mayor al país, sacarle la matriz, los ovarios y los testículos, pues creo que esa es la mejor definición que podemos ofrecer del camino que pretende abrir a machetazos Evo Morales valiéndose esta vez de la consulta revocatoria.
Conociendo como conocemos el manejo de lo simbólico que suele hacer el gobierno de Morales, estamos seguros que cuando fijaron la fecha del Revocatorio pensaron que vendría muy bien que fuera posterior al día de la patria, para que el cierre de campaña simbólica fuera el discurso del presidente Morales desde la casa de la Libertad de Sucre, lugar de nacimiento, de emancipación, de la dignidad y de la patria.
Estamos seguros que Evo Morales, halagado por su coro de ministros, siempre extraviados del paraíso, anticiparon excitados que el día glorioso de la festividad patria anunciarían la victoria de la que se sienten seguros, con bombos, platillos, truenos, centellas y con un despliegue de oratoria tal como nos tiene acostumbrado el Presidente, como fiel discípulo de sus mentores Castro y Chávez.
Todo estaba previsto, hasta que Sucre le cerró las puertas de su ciudad al presidente, recordándole que no es bienvenido, que no tiene pisada por las muertes que ha provocado y que debe por lo menos pedir perdón, lo que equivale a admitir su culpabilidad. El portazo de Sucre, parece haber provocado una o­nda expansiva de rebeldía, de rabia, de dolor, de reclamos.
Tarija planteó también defender su soberanía, no quiso transformarse en puerta de ingreso para los jinetes del Apocalipsis: Hugo Chávez y Cristina Fernández, razón por la que los ciudadanos salieron decididos a impedir que arribaran a su ciudad, acción que provocó un enfrentamiento feroz con las fuerzas policiales y militares que se han convertido en las huestes del gobierno.
Cahuasi, una localidad minera en Oruro, se tiñó de sangre: dos mineros muertos y más de una treintena de heridos, han dejado una nueva estela de dolor, de madres gimiendo, de luto y penurias.
Otra vez la muerte ronda al presidente que prometió no provocar ni un deceso, que juró abandonar la silla presidencial ante la primera muerte que viniera de una orden suya.
Hoy la patria amanece enlutada, con los corazones de sus hijos nuevamente rotos, sacudidos por la violencia, por los remezones de quienes quieren imponerse a la fuerza y nos están tratando de hacer entrar por el brete, adobados con el cebo de maletinazos, cheques venezolanos, bonos, prebendalismo, balas, golpes, intrigas, compra de conciencia.
El momento no es más que un anticipo de la violencia que se puede desatar provocada por la intransigencia, por el afán de dominio, por no respetar la voluntad y las diferentes visiones de los pueblos que conforman Bolivia.
El aislamiento, comienza a ser una de las características que definen al Ejecutivo actual. La resistencia crece, la sociedad se muestra cansada y ya ha comenzado a actuar y defenderse por cuenta propia puesto que nadie la escucha, que prevalecen los cálculos, la construcción de poder sin mirar el grave daño que se esto está provocando.
El Presidente Evo Morales Ayma, pronunciará en estas fiestas patrias su informe a la nación desde el balcón de Palacio Quemado. ¿Mencionará el número de muertos, cerca de la treintena, que ya ha cobrado su forma de gobernar?
En la ocasión, todos debemos reflexionar sobre el difícil arte de gobernar, sobre la gran responsabilidad que implica estar a la cabeza de proyectos que no deben encarnar los proyectos y ambiciones de quienes gobiernan sino de los gobernados. El pueblo tarde o temprano cobra las facturas, y la soledad es apenas el inicio de esta costosa factura de errores.