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domingo, 27 de abril de 2008


Michel Zelada Cabrera editor del suplemento Lecturas de LT y de la sección cultural Tragaluz ha conversado con Filemón Escóbar a propósito de su libro ilustrado que el miércoles venidero será presentado en nuestra ciudad. Nos permitimos reproducir el texto y la imagen por considerarlos de indudable interés no sólo en Bolivia, sino también en Europa particularmente en Escandinavia donde viven todavía algunos de los protagonistas de la historia política que Filipo brinda:

Oye, oye, esto es grave. Oye, ¿ha? ¿Quién les ha metido a la cabeza a estos de que en Bolivia hay 36 nacionalidades?” se pregunta Filemón Escóbar. Suelta una carcajada y se responde con otra pregunta “¿El loco Prada? ¿El Linera?, oye”, y más risas. Ahora se pone serio y elevando el dedo índice increpa: “Esto nadie más que yo te lo va a decir – creo que la gente intelectual dejó de estudiar en este país – ese estado plurinacional es una copia estalinista de la que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”. Esa una de las varias tesis que sostiene el veterano líder sindical en su libro “De la revolución al Pachakuti”, el aprendizaje del Respeto Recíproco entre blancos e indianos. El volumen, publicado por las editoriales Garza Azul y Plural, será presentado en Cochabamba por su autor el próximo miércoles 30 de abril en el auditorio del Centro Estudios Superiores Universitarios (Calama 235) y comentado por los sociólogos y analistas políticos Fernando Mayorga y Jorge Komadina. La cita es a las 19:00. Son 318 páginas en las que se entrelazan la vida de Escóbar y la historia política y sindical de Bolivia, ilustradas con abundante material fotográfico. El dirigente obrero, quien fue también asesor del actual presidente Evo Morales y senador por el Movimiento al Socialismo, ahora convertido en duro crítico del gobierno, desentraña en este volumen importantes procesos ligados al desarrollo de la izquierda nacional además de plantear su tesis de la complementariedad de contrarios. Una frase de Zárate Willka abre las puertas para ingresar al libro de Escóbar y, en gran medida, resume la tesis política que plantea el autor, dice la cita: “Con grande centimiento ordeno átodos los indijinas para que guarden respeto con los blancos (…) tan lo mismo deben respetar los blancos a los indijinas”. En lo que sigue, Filemón Escóbar revela algunos aspectos de su obra. - Su libro se constituye en un duro alegato contra la izquierda boliviana, siendo usted mismo un hombre de izquierda ¿Por qué ahora ese reclamo? - Un poco tardíamente hemos descubierto que la izquierda boliviana es una izquierda por analogía. El libro comienza con una fotografía de cuando tenía 20 años como trotskista, con la bandera de la Cuarta Internacional de fondo. Mis otros compañeros eran del Partido Comunista, de tendencia stalinista; el Partido de Izquierda Revolucionario (PIR) también venia de la corriente stalinista. El Motete Zamora era pro chino. Quería reeditar la revolución china en Bolivia; Yo quise reeditar la estrategia de Trotski en Bolivia; el Simón Reyes quería reeditar la estrategia stalinista. Y luego otros “jóvenes” querían imitar a Fidel Castro y al Che Guevara. - Además de querer imitar revoluciones foráneas, parece que otro punto en común de la izquierda boliviana es su permanente fracaso. - Claro que si. Ahí tenemos la derrota de 1964 bajo el simbolismo o la consigna de que todo es preferible a que Paz Estenssoro siga en el gobierno. Lo tiraron a Paz y entró Barrientos y éste comienza por asesinar a los viejos líderes sindicales como Cesar Lora e Isaac Camacho, luego viene la masacre de San Juan. Se suma la oportunidad que le dimos a Barrientos de ordenar la muerte de Che Chevara, eso hizo la izquierda. Y del 70 al 71 los trotskistas planteamos que la Asamblea Popular era el soviet boliviano y el general Juan José Torres era el Kerenski boliviano, quisimos instaurar un gobierno de soviets y terminamos arrasados con el golpe de Hugo Banzer Suárez. - Y cuáles son las consecuencias de estos fracasos de la izquierda boliviana? - Una de ellas es que se propicia la dictadura más larga de la historia, siete años. Con el agravante de la caída de Torres en Bolivia ocasiona – dos años después - la caída de Allende en Chile. Por lo tanto la izquierda es cómplice de las dictaduras militares en el Cono Sur. - ¿Qué pasa con la izquierda luego de las dictaduras militares? - Llega los años 1982- 1885 y llega la polémica con la Dirección Revolucionaria Unificada (DRU), encabezada por Walter Delgadillo, Guillermo Dalence y Carlos Borth. Ellos tenían una tesis muy jodida, decían no al reformismo y no al fascismo, o sea ni Siles ni fascismo. En el libro menciono con detalle esta tesis y las diversas posiciones. Era la misma línea que planteaba, muchos años antes, el Partido Comunista Alemán, que se negó a consolidar un frente con los socialdemócratas alemanes para detener el avance de Hitler. La tesis que sostenían los comunistas alemanes era que el capitalismo tenía dos caras: una fascista y otra socialdemócrata Como no hubo tal unión, entonces gana Hitler y se viene todo el drama que la humanidad ya conoce. Y ese mismo error comete la izquierda del 82 al 85, con la tesis de ni Siles ni el fascismo. - ¿Todos estos acontecimientos que menciona, qué consecuencias tienen en la sociedad boliviana? - Lleva a un proceso de regresión en la conciencia política de las bases. Por ejemplo cómo explicamos de que en Catavi y SigloXX en mayo de 1985 Banzer logra la mayor concentración humana en esos centros mineros, además gana las elecciones en todos los centros de la Comibol. Y nuestras bases van a votar, hasta 2002 por todos los partidos de derecha. -Y qué pasa en esta coyuntura. - La línea de conducta de la izquierda tradicional es la confrontación. Cuando ésta en el poder cree que debe aplastar a la derecha. Por eso llamamos izquierda tradicional a la línea de confrontación despiadada que marca contra sus adversarios. Le hemos dicho, antes que el Movimiento al Socialismo (MAS) llegue al poder, que a línea de confrontación es un error. Además que la filosofía indigenista no es de confrontación, sino de complementariedad de opuestos. Y el Evo sabía quién era Andrés Ibáñez y quién era Zarate Willka. Entonces cuando el Evo llega al Gobierno manda a la derecha a la lona y cuando declara que él iba a ser el caudillo de la autonomía yo festejé esta posibilidad desde afuera. Porque al ser caudillo de la autonomía se estaba fundiendo con la historia del país. Ibáñez, el cruceño de ojos verdes de origen europeo y federalista del año 1876 se fundía con Zarate Willka y su proclama federalista – no olvidemos que la autonomía genera una forma de estado federal. Sólo cumpliendo su palabra, es decir, convirtiéndose en caudillo de la autonomía, Evo se transformaba en el mejor presidente de la historia de la república. - Y qué ocurrió, por qué el presidente no se convirtió en el “caudillo de las autonomías”. - Se convirtió más bien en caudillo contra la autonomía, y eso por influencia de la gente que se metió al MAS proveniente de la izquierda tradicional después de 2002. El fierrerito de Linera por ejemplo, seguido de los Quintana, los Rada y otros. Estoy seguro que fueron ellos los que le hicieron cambiar a Evo de opinión sobre la autonomía. Y al ser enemigo de la autonomía sentó las bases de la confrontación que originó el nacimiento de la Media Luna y el tema de la capitalía. - Cree que esta línea de confrontación sustentada por el MAS es irreversible o existe la posibilidad de cambiar de rumbo. - Yo creo que el presidente todavía tiene la oportunidad de dar un viraje de 180 grados. Para ello él debe convocar a referéndum autonómico en los cinco departamentos que aún nos han iniciado ese proceso. Sólo así va a lograr bajar la tensión en el país. Luego los nueve departamentos autonómicos discutirían el contenido de la nueva constitución. - Además de la “izquierda tradicional”, no cree que la presión de la Media Luna también ha influido para crear un clima de confrontación? - No pues. Haber fijate, él (Evo Morales) era el caudillo. Cuando fue a Santa Cruz, todos los cruceños lo reciben de pie. Cuando les entrega sus certificados de prefectos a las nueve autoridades, hay una amistad entre ellos. El gran error esta en aquellos que le han hecho cambiar de opinión en el tema de las autonomías por que ahí se inicia el proceso de la confrontación. Y la derecha se va a oxigenar con ese error. Nuevamente estamos en lo mismo: la izquierda cometiendo errores para favorecer a la derecha. Pero hay una izquierda que se llama de la no confrontación; de la complementariedad de opuestos; de esa que pide que el indígena respete al blanco y el blanco respete al indígena. Y es precisamente ese mensaje que este libro quiere dejar a los bolivianos.

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