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domingo, 30 de marzo de 2008

Modelo que le quita el sueño al Gobierno
No pocos temen que en la actual crisis política, que cada día muestra señales de aumentar en magnitud e intensidad, desde el Palacio de Gobierno de La Paz, el subconsciente dictatorial active contra la oposición cívico-regional fórmulas que la democracia enterrara tras ser repuesta en el país en 1982. Al cabo, el pasado no muere del todo.Igual que los usos y costumbres, se adhiere a los pliegues del ser social y algunos de sus elementos cobran forma de acciones concretas bajo estímulos específicos, como los que ahora, a raíz del ambiente de confrontación que empieza a convertir al país en avispero revuelto contra los que nos rigen, el gobierno amenaza a los de la trinchera opuesta a la suya con el empleo de tropas militares y brigadas de fiscales y magistrados que les lleven a la cárcelEl prefecto y el presidente del Comité pro Santa Cruz son los blancos principales de tales amenazas. Éstas no son tan crudas como aquella de antaño cuya tenebrosidad estampaba la advertencia oficial de que los opositores caminaran “con el testamento bajo el brazo”, pero advertencia al fin.Y todo porque Santa Cruz resuelve ir a la consulta popular del 4 de mayo para que se apruebe o rechace su Estatuto Autonómico.Como en el gobierno no se tiene muy en claro la naturaleza real del régimen autonómico, se considera que aquel referendo equivale a señal de partida hacia una independencia regional que, a su vez, desencadene la desintegración nacional. Parece que nadie en el gobierno sabe nada sobre Derecho Constitucional. Si repasasen por lo menos sumariamente esta asignatura se convencerían del dislate implícito en semejante aprehensión. Comprenderían que el Estado permanece como Estado por mucho que se le cambie su traje institucional. Igual da que la prenda sea monocromática (régimen unitario) polícroma (régimen federal) o de específica diversidad tonal: verde (autonomía en las regiones que opten por ella) o del pardo en que igualan cuantas quieran seguir manejadas por el centralismo. En ninguno de estos casos, el Estado desaparece. El gobierno central sigue representando a todo el país. Es la máxima instancia para la conducción de la política exterior, el orden y la seguridad nacional, la administración de las rentas y políticas de carácter nacional, entre otras. Las autonomías manejan sus propios asuntos en todos los campos, pero contribuyen con un porcentaje de sus ingresos al mantenimiento del gobierno nacional, así como al sostenimiento presupuestario de regiones menos favorecidas. Por cierto, no descartamos que en el gobierno haya gente que entienda del tema, pero que se asusta ante la perspectiva de la real y profunda descentralización política y administrativa que supone el régimen autonómico. Le quita el sueño que este modelo de organización política, territorial y administrativa, que tanto afianzó la democracia en países prósperos de Europa, como España, Bélgica y Suiza por sólo citar tres, se le convierta en obstáculo insuperable hacia su meta de hegemonía política total enrumbada a lo indigeno-culturalista y corporativista. (Del Editor: Importante editorial de El Deber. a buen entendedor pocas palabras)

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