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sábado, 18 de marzo de 2017

recurrente y original Osito Mier instrumenta la declaración de Romero, "se destinan 7 hojas para el mate contra el sorojchi y diez mil toneladas para hacer cocaína" se hace mucha cocaína, mucha política, mucha plata, mucha corrupción y "su industrialización es un cuento chino made in Bolivia"

En Bolivia, al parecer, se destinan siete hojas de coca para hacer un mate que combata el mal de altura y con las diez mil toneladas restantes se hace cocaína, cosa que puede ser un poco más, un poco menos, pero con la coca se hace mucha cocaína, mucha política, mucha plata, mucha corrupción y su industrialización en ingentes cantidades es un cuento chino, pero ‘made in Bolivia’.

Hay un oficialista que aporta a esta preocupación mundial afirmando que en Santa Cruz es donde más coca se consume, pero eso no nos hace opositores para afirmar “que la hoja sagrada es para fines ilegales”. Para despejar toda duda, no estaría mal que haya un bono en el que cada ciudadano reciba los 50 kilos que le tocan por piocha. Es cierto que en el norte argentino se acullica, que a lo mejor menonitas, chinos y cualquier extranjero haya aprendido a hacerlo, pero negar que producimos coca en Chapare para la cocaína es como afirmar que Donald Trump es un buen tipo que come tacos mexicanos. Nos van a hacer creer que miles de personas pisan coca para hacerla polvo y así evitar la elaboración de la pichicata.

Hay un chiste viejo que ilustra nuestra realidad. Un próspero industrial tuvo la brillante idea de elaborar un manjar haciendo pasta con lenguas de colibrí. Obviamente, el precio era descomunal y para obtener mayor rendimiento tuvo que mezclar la lengua del colibrí con la carne de caballo. ¿Y en qué proporción?, era la pregunta: un colibrí, un caballo. Para mí, la única hoja sagrada es la Gillete. Mi primera afeitada fue con esa marca, que lo hace tan fuerte que ya no se dice hoja de afeitar, sino ‘la gillete’. Pasé desde que la afeitada empezaba con una brocha que sacaba espuma y con ella se cubría la piel para ser rasurada, hasta la que usa ahora Neymar. Perdonen que me emocione, pero no había travesura más grande que afeitarse con la máquina de papá, que, en sus inicios, te hacía un tajo. Mi madre me ponía clara de huevo a mi herida, y listo. No es lo mismo que la coca. Ni con huevo de peta vamos a frenar la producción de la droga maldita 

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