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martes, 23 de febrero de 2016

postevismo. ha ganado el pueblo que masivamente ha dicho NO. tras una larga batalla la respuesta ha sido NO. en todas las grandes ciudadades el NO enfático y claro, además en 6 departamentos y en Cochabamba por los cocaleros y El Chapare.´Bolivia ha ganado. Viva Bolivia!

Domingo de Gloria
Susana Seleme antelo
 Santa Cruz de la Sierra

Felicidades Bolivia! El futuro empezó el domingo 21 de febrero, desde un presente que dijo NO al referéndum re-re-reeleccionista de Evo Morales y García Linera para perpetuarse en el poder. Ganó el NO y empezó el ‘postevismo’. ¡Que victoria política!
Aquí no hubo “empate técnico”: el voto es el que decide y no la Corte Electoral subordinada al poder político. En democracia se gana con votos, NO con argucias leguleyas. Se gana velando la legitimidad, la legalidad  y la integridad del sufragio, cuidando voto a voto, como han hecho jóvenes y adultos, para impedir que  los impostores le roben a Bolivia esta victoria.
El 21 de febrero no fue un domingo cualquiera. Fue un domingo de regocijo político y también de inquietud frente a los impulsos de los dictadores revestidos de demócratas, que trataban de torcer la voluntad ciudadana empoderada. 
Pero Bolivia dijo NO, tras una larga batalla -que todavía continuará-  para reiterarles a Morales y su camarilla que el ejercicio del poder no es para toda la vida, tampoco para ejercerlo arbitrariamente sin contrapesos.
El NO ganado es parte de la dialéctica de la historia,  de los procesos democráticos y políticos con sus aproximaciones sucesivas en el tiempo. Este NO es la suma y articulación de muchas voluntades, diferentes, sí,  pero unidas con un solo objetivo político: frenar la  eternidad política que pretendían Morales, García Linera y la burguesía parasitaria plagada de corrupción que han prohijado. Con ella quieren competir frente a la burguesía agrícola, ganadera y agroindustrial cruceña, poder económico legal,  al que no han podido “robarle el alma”, aún.
El NO ganó en 6 departamentos y en las 9 capitales departamentales. El voto rural, casi siempre  muy afín a Morales y al partido de gobierno  no pudo vencer el mayoritario voto urbano“En las ciudades mucho no me quieren, pero el campo es nuestro” dijo el caudillísimo. Pero no le fue suficiente: él quería  saber, vía este referéndum, si el pueblo lo quería o no. El voto NO le dijo que lo quiere menos que hace años. 
El domingo pasado, que llamo de gloria, es el renacimiento de la acción política militante, participativa,  con el esfuerzo  conjunto de la gran parte de la sociedad civil y política bolivianas:  más de la mitad dijo NO.  Fue una plataforma de jóvenes y de poder ciudadano de toda edad, comprometidos en el uso de su libertad, que frenó con su NO la modificación constitucional. Ese era el pretexto, “la modificación parcial” de la Constitución, que solo buscaba satisfacer el apetito desaforado de  Morales, García Linera y los intereses de su burguesía parasitaria para  seguir usufructuando del poder. Por eso Bolivia dijo NO a la re-re-reelección por cuarta vez.
Dijo NO y optó por la alternabilidad en el poder político, por la pluralidad y respeto a las diferencias; por  la  justicia como civilidad jurídica, no como paredones judiciales que encarcela a los autonomistas y mantiene en el exilio a cientos de personas. Este NO exige vigencia de la institucionalidad democrática, borrada de la práctica estatal en los 10 años del régimen de Morales.
Este NO demanda respeto a los Derechos Humanos, a la libertad de expresión y al periodismo de investigación, como hizo el periodista Carlos Valverde,  quien no dudó en destapar la “ollita privada de la corrupción” en la más alta cota del poder gubernamental.  Este  NO es para ponerle límites al ejercicio de ese poder político arbitrario que corrompe personas e instituciones. Y la corrupción es una muy desalmada forma de violencia gubernamental y estatal.
Por eso ganó el NO, porque la sociedad se cansó de un ‘proceso de cambio’, que hizo algunos cambios porque tuvo ingentes recursos para hacerlos, construy algunas carreteras, dio bonos y más bonos como redistribución de la riqueza, pero sin desarrollo económico productivo. El ‘proceso de cambio hiperconsumista’ también acrecentó la corrupción sin mediada ni clemencia.
Pero ya no hay marcha atrás: Bolivia dijo NO  pese a las trampas descubiertas, gracias a la tecnología que usaron las activas redes sociales, y a pesar de que en algunos departamentos hubo puertas cerradas en la revisión del voto y ‘se caía’ el sistema electrónico.  
La victoria del NO es formidable porque se impuso a la maquinaria del poder y la dominación que ejerce el oficialismo y su millonaria propaganda política que usó  bienes, recursos y dineros que pertenecen a toda la sociedad boliviana.  Aquí no hubo empate técnico:  este NO es el triunfo de la ciudadanía empoderada. Y de los jóvenes, que con toda su energía presente y futura impulsaron  e impusieron el  NO para quebrar el deseo de la eternidad política ‘evista’ en Bolivia.
La ciudadanía vigilante cuidó esa opción voto a voto,  vigilancia que deberá ser  permanente y de largo aliento porque no será fácil enfrentar  a la fiera herida, más todavía en épocas de vacas flacas, terminada la bonanza  económica. Empero, ‘el postevismo’ ya está instalado en el escenario político nacional. El futuro empezó el domingo 21de febrero, desde un presente que dijo NO,  y que no admite empates técnicos ni arbitrarias argucias del poder.
Fue un domingo de gloria democrática. ¡Bienhallada democracia extraviada tras una década de imposturas! Bolivia le infligió una derrota al poder que se creía eterno, derrota que la oposición política deberá saber administrar democráticamente, para convertirla en el futuro deseado y ahora posible. 
En los casi 4 años  que Morales debe seguir siendo presidente, hasta concluir su mandato en 2019,  esperamos que la ciudadanía empoderada y quienes la arroparon y auparon, contribuyan a forjar la alternativa política al ‘postevismo’. Alternativa que deberá ser incluyente para revertir la polarización-división que ha arrojado este referéndum.  Es lo que exige el NO.