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miércoles, 13 de mayo de 2015

Lizandro nos ofrece una visión completa del actual conflicto universitario que se prolonga ya por cinco, seis semana en San Simón. en el conflicto están mezclados diversos ingredientes, política, dinero, violencia, el uso de hampones y el interés de ciertos docentes que se oponen a la calificación de méritos para la cátedra.

La Universidad Mayor de San Simón está en manos de impostores y descarados. No soy capaz de llegar a otra conclusión cada vez que me informo sobre declaraciones de docentes y estudiantes que representan a sus respectivos estamentos.

Los dirigentes docentes nos quieren hacer creer que todos los casos son iguales y que esto se trataría de una gloriosa lucha por su dignidad y sus derechos, lo cual es mentira. 

Cerca de un cuarto del estamento docente es titular, lo que implica que tuvo que pasar por un proceso de evaluación muy exhaustivo, compuesto de tres etapas, a saber: calificación de méritos, calificación de currículum realizada en cogobierno por consejeros docentes y estudiantes en base a una tabla de evaluación; microenseñanza, breve clase magistral en que estudiantes que hayan aprobado la materia a la que se postula califican claridad, didáctica, dinamismo, etcétera; y examen de conocimientos, que es una evaluación escrita calificada por docentes titulares de la materia en cuestión junto a profesionales externos invitados para el efecto.

Para este proceso se realiza una convocatoria pública y puede ser más o menos transparente dependiendo de la voluntad y correlación de fuerzas políticas, pero es absurdo decir que porque no hay garantías de absoluta transparencia es mejor no aplicarlo.

Otros docentes ingresaron a través de un mecanismo más rápido y menos exhaustivo llamado “examen de suficiencia”, cuyas convocatorias a veces son públicas y a veces no, y que generalmente omite la etapa de examen de conocimientos, limitándose a méritos y microenseñanza. Aunque no se trate de un proceso de titularización, debe reconocerse que estos docentes hicieron algún esfuerzo para conseguir una cátedra.

No obstante, hay otro gran grupo de docentes que ingresó por el favor político de las corruptelas universitarias y que ahora pretende beneficiarse de una resolución rectoral evidentemente concebida para ganar votos para las próximas elecciones al rectorado. Son éstos los sinvergüenzas que inspiran indignación, porque se escudan detrás de los que se han sometido a algún tipo de evaluación, o simplemente acuden a las leyes laborales. 

En otras palabras nos dicen: “Aunque no haya dado examen, aunque sea un mediocre, la ley laboral me protege” Pero para colmo de males, quienes encabezan la lucha porque los docentes rindan exámenes son un grupículo de estudiantes eternos, dirigentes crónicos y vándalos consuetudinarios, que ambicionan gobernar la universidad, ser rectores (o co-rectores) y administrar sus recursos. Es decir que su lucha no apunta a la excelencia académica, sino a incrementar su poder y su acceso al presupuesto universitario.

Se creen revolucionarios porque predican la dialéctica marxista como fanáticos religiosos, y se miran a sí mismos como unos héroes por saber usar dinamita, destruir y golpear en nombre de la revolución socialista (nunca voy a olvidar cuando me dijeron que la “violencia revolucionaria” era buena, a diferencia de la “violencia reaccionaria”), pero en realidad, si tienen que refugiarse en la universidad, es porque son unos mediocres, incapaces o vividores.

La crisis de la universidad es cada vez más profunda y en lugar de plantear soluciones aquí estamos, entre la espada y la pared, entre el cáncer y el sida, a punto de ser asesinados por alien o por depredador…  es decir, sin salida.

El autor es politólogo.