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domingo, 26 de enero de 2014

incansable El Deber acompaña el recorrido de Patricia y Mario Vargas por la extensa región de la Chiquitanía. admirar la naturaleza y la obra de los jesuítas antes de su expulsión. son las últimas horas de los visitantes en Bolivia

Con una marcha de bienvenida tocada por los pobladores de Santa Ana recibió al escritor peruano, que tuvo la oportunidad de conocer los tejidos de María Paticu Montero (70) que le abrió las puertas de su humilde casa y le mostró sus obras: hamacas, mantas, frazadas y otras artesanías realizadas a base del fruto de la tutuma. 

Vargas Llosa quedó prendado con una mecedora elaborada por el esposo de María. Realizó el recorrido de la ruta procesional por las calles de Santa Ana hasta llegar a la iglesia, última misión jesuítica en la Chiquitania. 

Este pueblo, que pertenece al municipio de San Miguel, fue fundado en 1755, doce años después de la expulsión de los religiosos del lugar, entonces fue cuando se empezaba a construir el templo. La iglesia alberga un órgano del siglo XVII, que anoche fue tocado por Francisco Rocha (23), hijo del ´Guardián del Templo’, don Luis Rocha, que desde hace más de 30 años se encarga de cuidar la casa de Dios sin percibir ningún salario. 



“Es un honor ser escuchado por tan distinguido personaje de las letras”, sostuvo Francisco luego de explicarle a Vargas Llosa el funcionamiento del antiguo órgano. 

En este templo, en 1991, se encontraron los archivos originales de la música chiquitana, documentos que ahora se guardan celosamente en Concepción y cuyas copias, elaboradas por el padre Piotr Nawrot, son utilizadas en los conciertos de las orquestas sinfónicas de los pueblos chiquitanos. Willman Agapito Rocha, subalcalde, describió así a Santa Ana: “Esta es la frontera, no donde termina, sino donde comienza la cultura chiquitana”. 

En este lugar el escritor conoció la esencia del cruceño, sintió la hospitalidad, afecto y nobleza de este pueblo, que de forma llana y sencilla le explicó sus costumbres, tradiciones e historia. Lo deleitó con un concierto de la Orquesta de Cuerdas Santa Ana de Velasco. 

También fue nombrado Huésped Ilustre, recibió obsequios chiquitanos y le fue encomendada la misión de hablar al mundo de la belleza de estos parajes bolivianos. Vargas Llosa se mostró visiblemente emocionado y brindó un extenso discurso en el que habló de la libertad y democracia, además de agradecer tanta hospitalidad y cariño recibido. 

ESPERE UN ESPECIAL DEL RECORRIDO POR LAS MISIONES JESUITICAS EL PRÓXIMO FIN DE SEMANA 

Nelfi Fernández-Santa Ana de Velasco