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jueves, 14 de febrero de 2013

Karen Arauz le ha puesto un título simple CARLITOS, el nombre del niño que vió cómo mataron a su madre a puñaladas. su testimonio es un alegato por la vida conctra la violencia por la Justicia por encima de todo. excelente texto humano y actual!


Que se argumente que el asesino haya estado borracho al momento de liquidar a su pareja con doce puñaladas, en este momento es irrelevante. Que la víctima sea periodista de una importante cadena de televisión, es casual. La víctima era una joven mujer,  trabajadora, querida y respetada y según testimonian todas las personas con quienes  interactuaba, era una madre dedicada que evidenciaba en cada momento de sus días, que su razón de existir era su hijo Carlitos, de cinco años de edad.
El hecho de que el asesino sea policía es relevante, pues demuestra que los machistas violentos supuestos amos de las mujeres, se exacerban porque creen que su gran poder radica en su uniforme.  Ellos son los únicos autorizados a ejercer violencia en un supuesto cumplimiento de su deber. Su misma formación, los exime de pensar que ejercer esa violencia no es consustancial a cada momento de su vida. Esto quedó demostrado en la marcha de cientos de mujeres y hombres que fueron gasificados por los uniformados por sólo intentar ingresar al centro del poder político exigiendo justicia y la pena máxima para el asesino. Justo ellos y justo ahora. Quién será el subnormal que pudo siquiera pensar en cerrar el paso a una población que clamaba por justicia y necesitaba expresar su dolor, su impotencia y su frustración. La excusa a esa represión, era evitar que los políticos (de oposición) aprovecharan el momento. En este contexto, no logro definir qué hacían entonces todas las mujeres del Poder descendiendo por un momento de sus altos sitiales. ¿Política también? ¿Será que por una maldita vez pueden dejar de pensar sólo en ellos?
Todos exigimos justicia tanto para Hanalía Huaycho como para todas las otras mujeres, anónimas, que sufren un destino similar. El hecho de que Hanalía haya sido periodista, ayuda -si vale el término- para sacudirnos de la abúlica comodidad con la que estamos aceptando las delirantes cifras de violencia que nos están carcomiendo. Sacudir también a los congresistas que las leyes sean de tolerancia cero a la consistente violencia de la que son víctimas las mujeres y que tienen tanta importancia como aquéllas cuya promulgación es motivo de libaciones, danzas y alabanzas.
Vivimos rodeados de maltratos físicos y psicológicos. Todos somos mudos y lo que es peor, indiferentes testigos de violencia cotidiana, constante.  Asesinatos por diez pesos. Niños maltratados por cualquier causa. Demenciales cifras de ultrajes domésticos. Consumo incontrolable de alcohol. Y un país productor de droga, señores, es un país consumidor sin atenuante de ningún tipo.
Sí, todos queremos ver al asesino en la cárcel y ojalá no salga nunca más. Pero hay algo que ninguna ley podrá remediar: la tragedia de Carlitos y por su intermedio, de los cientos de Carlitos que son testigos contantes del maltrato del que son víctimas sus madres y de cuyas vidas y futuros no sabemos nada pero que podemos temer.
Carlitos, es el pequeño hijo de Hanalía, convertido de pronto y para siempre en una sombra doliente. Este niño ha sido testigo del ataque, sus gritos son los que rompieron la noche y pusieron fin al ensañamiento. Sus manitas manchadas con la sangre de su propia mamá a la que trató de defender y que se extendieron por su alma y su corazón, son manchas que nadie podrá borrar jamás. Son esos gritos y son esas manchas de las que no logro sobreponerme.  Qué hacer con un niño de cinco años que sufre un indecible dolor y que ante la magnitud del trauma vivido en esa edad de inocencia y para quien la madre es la medida del mundo y lo representa todo. Cómo se puede hacer para que Carlitos comprenda que él debe continuar viviendo pese a su experiencia a los cinco años de edad.
La Defensoría del Niño  ¿qué puede hacer ya? Quien puede tener la capacidad de eliminar la visión de esos ojos, de esos oídos que ha marcado su vida para siempre. Por qué Hanalía no tuvo el chance de ser escuchada y socorrida a tiempo para saber que los arranques violentos de su compañero serían siempre reincidentes y que sus vidas corrían peligro.
Por qué las mujeres no están informadas de que un ser violento que golpea, que humilla, que se arrepiente y reincide, jamás cambia y que en las circunstancias propicias, puede convertirse en un monstruo capaz de extremos como éste. Nuestra sociedad es solidaria y así lo demuestra constantemente en las campañas públicas de auxilio que recaudan importantes sumas de dinero y que salvan muchas vidas.
Pero, hay que decirle a esa sociedad, que debe exigir paralelamente a la promulgación de leyes y sanciones, refugios donde una mujer pueda acudir en cualquier momento en compañía de sus hijos y recibir auxilio material, psicológico y protección legal. Necesitamos servicios de emergencia de prevención. Necesitamos lugares donde las mujeres golpeadas y amenazadas puedan resguardar sus vidas y la de sus niños. Y un Estado que mediante las instituciones que consagra la Constitución, sea protector y haga suya la causa en la que deben invertir importantes recursos.
Y necesitamos aprender a identificar las señales de alarma. Un buen padre, no es aquel que juega y compra juguetes. Un buen padre es aquel que no maltrata a la madre de sus hijos. El que jamás utiliza a sus niños como arma de extorsión y maltrato psicológico y es el llamado a protegerlos siempre, bajo cualquier circunstancia.
Ojalá exista la magia a la que podamos apelar para alivianar la inconmensurable piedra que le debe estar pesando a Carlitos en su corazón chiquito y para enjugar sus lágrimas por las que seguramente en este momento, se le está fugando el alma.
Karen Arauz

1 comentario:

lyly Costa dijo...

Hola, he visitado su web y me gustaría proponerle una colaboración en materia de contenidos.
Si lo desea puede escribirme a lyly78costa@gmail.com.
Gracias. Un saludo,
Liliana.