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martes, 19 de febrero de 2013

Agustín Echalar ha pasado por el mismo cúmulos de interrogantes que el editor cuando "las cardenalas del MAS" aparecen en una demostración anti-gubernamental...qué pasó? se equivocaron de sitio


La marcha contra la violencia hacia las mujeres que tuvo lugar la tarde del miércoles pasado, ha logrado confundirme, en primer lugar porque parecía una marcha que pretendía hacer un reclamo directo al Órgano Ejecutivo, sobre un hecho del cual no se podía de manera alguna responsabilizar a éste. De hecho, a menos de 36 horas de un suceso, ni siquiera se puede hablar de lenidad, o de encubrimiento, o nada por el estilo, por lo que la marcha, que es un instrumento simbólico, tal vez jamás debió haberse dirigido a la plaza Murillo, y debió haber sido convocada o llevada a San Francisco.
Lo que más me confundió fue ver, en una marcha que de alguna manera había sido politizada antigubernamentalmente, a las “cardenalas” del MAS participando de la misma. Daba la impresión de que se habían colado, viveza criolla, la llaman; su presencia amainaba, pues, el tenor de repudio al Gobierno que tenía esta marcha, repudio que posiblemente estaba más ligado a los eventos de Sucre antes que al horroroso asesinato de la señora Huaycho.
El tiro les salió por la culata, porque al llegar a la plaza Murillo, se dio una escena verdaderamente surrealista, y es que se pudo ver a la Primera Presidenta del Estado Plurinacional, siendo gasificada como si fuera una neoliberal cualquiera. Sucedió ya sea por órdenes del Ministerio de Gobierno, o peor aún, porque éste no gobierna sobre la Policía. En resumen, simbólicamente y en la realidad, mujeres de la cúpula gubernamental, entre otras la Presidenta del Senado, fueron gasificadas a unos pasos del edificio de la Asamblea Constitucional, porque reclamaban por mayor justicia  y protección hacia las mujeres maltratadas de Bolivia. Gracias señoras, ustedes desenmascararon el carácter machista del actual Gobierno.
Pero más allá de sainetes, obviamente el asunto es de extrema seriedad, tanto por el crimen perpetrado contra Hanalí Huaycho, como por la violencia hacia la mujer que campea en nuestro país, un tema que simplemente no puede ser ni soslayado ni relegado, pero que debe ser tratado alejado de histerias y de actos que busquen algún rédito político.
Me han preocupado algunas de las declaraciones que se han hecho en estos días, empezando por sacar una nueva ley, como si el problema estuviera en la ley y no en su mal manejo y en la corrupción del aparato judicial y de la Policía. Me ha preocupado que la Presidenta de Diputados hable tan desenfadadamente de una castración química, porque un castigo físico no deja de ser profundamente medioeval y repelente a una visión moderna de la justicia. Preocupa aún más la idea de anular la diferencia entre un homicidio culposo y un asesinato con premeditación y alevosía, porque eso es perforar la ética de un sistema judicial, un hecho debe ser también juzgado por la intencionalidad del mismo, no hacerlo es volver más de 2 mil años para atrás. También preocupa que un delito sea juzgado de acuerdo al género de la víctima, eso, ante todo, porque una ley armada de esa manera sería para empezar inconstitucional, pero no bastaría con cambiar la Constitución para hacerla aceptable, proponer que matar a una mujer es peor que matar a un hombre, es una aberración tan grande como sugerir lo contrario.
La violencia hacia la mujer es una terrible tara de nuestra sociedad, debe ser atacada por eso mismo en forma seria, lejos de demagogias y de pasiones.
El autor es operador de turismo