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martes, 19 de abril de 2011

Carlos Sarabia. Alcalde de la Primera Feria de Cbba.
Lo que no apunta el cronista Rocha Monroy es que hubo una etapa previa. la concepción. la creación del comité IV Centenario que asumió la puesta en marcha de la Feria Internacional.


Alfonso Rojas Moncayo recuerda a 1974 como un año terrible, pues las obras comenzaron en marzo y debían fatalmente concluir en octubre. “No hubo otro caso, recuerda, de nueve empresas trabajando simultáneamente con 600 personas que se movían como hormigas en lo que iba a ser el campo ferial.”
El paso siguiente fue la importación de toda la planta ferial de Argentina. El gestor de la importación fue el empresario argentino don José Savelón, y consistió en dos pabellones que actualmente existen, con cables subterráneos instalados por primera vez en el país. Fue asimismo la primera vez que se aplicó iluminación a gas mercurial. Entre los empresarios que destacaron por su apoyo generoso y sin condiciones, los pioneros recuerdan a don Raúl Artero, propietario de Femco, que se encargó de la iluminación.
Rojas Moncayo recuerda que no había condiciones de trabajo, pues el agua potable había que llevar desde la ciudad, y se trabajaba en tres puntas, alumbrándose de noche con mecheros y lámparas.
La vía de acceso era el problema siguiente, pues sólo llegaba al Country Club y faltaba trazarla y asfaltarla en todo el actual Circuito Alalay, para permitir un acceso fluido al campo ferial. Pero una circunstancia propicia se añadió a otras casualidades:
Según recuerda Rojas Moncayo, la Empresa Bartos había adquirido maquinaria que debía cumplir cierto recorrido para cumplir los requisitos exigidos por el seguro; de esta manera, los ejecutivos de la constructora accedieron a construir gratuitamente el circuito, y el Alcalde Carlos Saravia Goitia pagó el combustible y los salarios de los operadores. El circuito era un camino ripiado que había que regar constantemente para que los vehículos no levantaran polvo, y así se conservó por muchos años hasta que fue asfaltado.
La construcción del campo ferial fue una auténtica epopeya que demandó jornadas redobladas de trabajo y la inquietud constante de no poder construir un sueño tan acariciado en un plazo tan corto.
Faltando días para la inauguración, no se habían instalado las luminarias; esos y otros detalles obligaban a la postergación del evento. El tendido del cableado eléctrico estuvo a cargo de don Federico Diez de Medina, en un plazo impostergable de 215 días, con la colaboración estrecha de personal de ENDE. Para Todos Santos se encendió la luz de la feria, tres días antes de su inauguración, en medio de un grito de gerentes, técnicos y trabajadores como si Wilstermann hubiera metido un gol, según recuerda Rojas Moncayo, quien asimismo destaca el gran impulso que dieron al proyecto don Humberto Coronel Rivas y Fernando Cabrerizo Ríos. El trabajo de las nueve empresas constructoras, que apoyaban con sus propios recursos en la edificación de obras anteriores y posteriores a la primera feria, contó con la supervisión de don Federico Almaraz, quien trabajaba las 24 horas.
De este modo, gracias al tesón de los fundadores, la feria se inauguró con todo éxito en noviembre de 1974.
Hugo Galindo, Roberto Peña y Alfonso Rojas Moncayo, en tertulia con el Cronista de la Ciudad, recordaron con entusiasmo de estudiantes las peripecias que rodearon la concepción, creación y consolidación de nuestra feria internacional.

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