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jueves, 14 de enero de 2010

Da en el blanco Palo Santo de www.ej.org, cuando se refiere a lo que se viene:

Chávez nos pasará la factura gigamillonaria muy pronto

La crisis económica que golpea de manera evidente a Venezuela viene a echar por la borda uno de los tantos mitos que se habían gestado al fragor de un supuesto renacimiento de ese engendro populista que de manera arbitraria le daban un carácter de izquierda y que más arbitrariamente aún, han pretendido llamar “revolución bolivariana”.

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Hace unos tres años, Evo Morales apuntaba, desafiante, que los países que denominaba “antineoliberales”, según su versión siempre poco confiable, eran los que tenían el mayor índice de desarrollo económico.

De la forma desaprensiva con que lo hace siempre, indicaba muy suelto de cuerpo que países como Venezuela, Ecuador, Cuba y por supuesto Bolivia estaban demostrando que se podía conseguir el desarrollo dejando de lado las recetas dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En principio hay que aclarar que no se está defendiendo las recetas fondomonetaristas que en muchos casos resultaron nocivas para los países de la región. Sin embargo es necesario decir que el supuesto remedio que se está ensayando en algunos países que se han adscrito al modelo dictado por Hugo Chávez, resulta peor que la enfermedad y los hechos lo están demostrando.

En la actualidad Venezuela es el país de menor crecimiento y mayor índice inflacionario en la región y también el de mayor corrupción.

Se dice que cuando se tiene dinero en abundancia uno puede darse hasta el lujo de ser irresponsable y nuestras acciones pueden ser eventualmente disimuladas. Sin embargo la cosa cambia cuando los ingresos disminuyen y resulta difícil seguir con ese mismo ritmo de vida desfachatado. Es entonces cuando llega el momento de hacer cuentas.

Para Hugo Chávez ese momento ha llegado y para justificar los gastos dispendiosos realizados para exportar su poco convincente “revolución bolivariana” harán falta mucho más que sus empalagosos discursos con los que martiriza en forma semanal a sus sacrificados y hasta ahora estoicos conciudadanos.

Ocurre que la “revolución bolivariana”, a pesar de sus discrecionales nacionalizaciones no ha logrado el desarrollo que se prometía de manera demagógica y tampoco ha logrado reducir la pobreza que es lo menos que debería hacer un proceso que se autodescribe como de “izquierda”.

Eso si, ha tenido mucho éxito en crear una nueva oligarquía que si bien tiene un discurso muy “izquierdista”, en los hechos se comportan como los más retrógrados derechistas y sus hábitos de consumo se parecen más a los de aquellos que acostumbraban a pasar sus fines de semana en Miami que a los de los revolucionarios de los años 60.

Como es de esperar, a Bolivia le llegará su parte en el momento de hacer cuentas y los bolivianos podrán comprobar que ni Venezuela ni Hugo Chávez les regalaron nada, que los chequecitos que Evo Morales distribuyó para mostrarse como un desinteresado benefactor, en realidad habrá que pagarlos, centavo a centavo con intereses incluidos y ello ocurrirá más temprano de lo que se pensaba, pues el “carnaval” de los petrodólares del chavismo tiene los días contados.