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miércoles, 19 de noviembre de 2008

vivimos todos los días con la mentira, el ocio y el robo lo contrario de lo que se predica!!

Cuando los medios nos muestran a grupos sociales que van a sentarse con sus pancartas a la vereda de la Plaza San Pedro en La Paz y están ahí más de ocho horas, entre doce y a veces amanecen nos preguntamos ¿cómo es posible que tengan ese tiempo dedicado a impedir la administración de justicia, cuando deberían estar trabajando y atendiendo sus hogares?
La respuesta es obvia. No tienen trabajo y por lo mismo es como si no tuvieran hogar. Son desocupados.
La segunda pregunta que debemos hacernos es ¿son gente tan altruista que lo hacen por puro ideal y no tienen ningún otro interés que bloquear a la justicia? Y la respuesta es; no. No son altruistas ni tienen ideales, lo que persiguen es un pago por día para tener al menos eso que llevar a lo que queda de sus hogares.
Entonces inevitablemente surge la tercera pregunta ¿quién paga? La respuesta es el Gobierno ¿Por qué? porque es a él que le interesa bloquear la salida del Prefecto de Pando. Haga usted una encuesta y pregunte al ciudadano si estaría dispuesto a dejar de trabajar un día para ir a sentarse a esa plaza y evitar que se haga justicia. Entonces no queda otra cosa que pedirle al Gobierno nos diga de dónde saca el dinero para pagar a esas personas.
Y dejémonos de cuentos, eso de que se turnan los sindicatos, los ponchos rojos y que se pagan con esas cuotas. Frases que se dicen a los “periodistas” que no se toman el trabajo de investigar si es cierto porque saben de antemano que no es verdad. Pero callan.
La realidad es por tanto otra. Los denominados movimientos sociales son en su mayor parte desocupados que reciben una dieta por movilizarse, dieta que paga el Ministerio de Gobierno con fondos que no se conoce de donde provienen.
La conclusión es que el Gobierno paga la desocupación y la usa políticamente contra sus opositores. Cuanto más desempleado exista mayor capacidad de movilización del Gobierno para agitar e imponer sus políticas.
La última marcha desde Caracollo hasta La Paz para cercar al Congreso encabezada por el Presidente Morales ha significado un gasto que ningún parlamentario se ha molestado en indagar y en pedir explicaciones.
Antes se manejaban fondos reservados y Evo Morales se rasgaba las vestiduras por este uso denunciándolo como ilegal e ilegítimo, ahora hace uso de lo mismo, disfrazando las cuentas en varios Ministerios y agregando a este abuso dinero extra que llega en efectivo y no tiene control fiscal alguno, desde Venezuela.
¡Este es el cambio! Pero no tiene nada que ver con la revolución productiva. Otra cosa sería que en vez de fomentar la desocupación con fines políticos, se preocupara de reactivar la economía y generar puestos de trabajo. ¡Eso sería cambio!
Estamos inmersos en la mentira disfrazada. Todos los días se miente oficialmente. Y se olvidan de su máxima: ama lulla. Todos los días se corrompe al desocupado con esos dineros mal habidos y se olvidan de su máxima: ama kella. Todos los días se hacen negociados con la gasolina, el diesel, el contrabando y se olvidan de su máxima: ama sua No tienen principios para defender, sólo intereses y bolsillos.
Esta verdad es dolorosa pero es la realidad. Al gobierno debemos tratarlo como es. Un gobierno sostenido en la mentira diaria y en la incapacidad total para administrar el Estado.
Lo peor de todo esto es que la ignorancia y la desocupación es la base sobre la que se sustenta políticamente Evo Morales. Así lo demuestran las encuestas. Son los segmentos de desocupados, de menores ingresos los que creen en la nueva constitución como el signo del cambio, los que la apoyan aunque no la conozcan y los que votarán por el Sí sin saber su contenido.
Estos están concentrados en El Alto, las zonas marginales de La Paz, en Oruro y Potosí, es decir en las regiones donde se defiende el centralismo presidencialista y se pelea por vivir a costa del Estado.
Porque son gente sin futuro y se prenden a la palabra del gobierno que les paga para movilizarse. Porque este gobierno es todo lo que tienen. Y porque nadie más les da un camino para tener trabajo y recuperar su dignidad.
Es que la dignidad existe cuando el ciudadano tiene futuro y un Estado que le da las oportunidades para tener un trabajo. La dignidad no es expulsar a un embajador, deshacerse de la DEA y expandir la coca para la cocaína. La dignidad es Trabajo, es Vivienda, es Tierra, es Salud. (De Dante Pino en Hoy Bolivia)

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